jueves. 13.08.2026
DUEÑOS DE LA FE, DUEÑOS DE NADA: CALLAR NUNCA FUE OPCION

Mujeres ante el sexismo y la misoginia de representantes musulmanes en Galicia

/ La respuesta que han enviado los aludidos a través de contacto@ucidgal.org  pone en duda la gravedad del asunto al solicitar que se especifiquen las violaciones o abusos sufridos por cada una de las firmantes.  Esta exigencia revela la limitada comprensión y estrechez de miras de quienes deberían atender con respeto y celeridad las denuncias de maltrato hacia la mujer. Resulta increíble que, ante un problema tan grave, persistan actitudes que minimizan y desprecian la experiencia de las víctimas

Mordaza
Mordaza

Reproducimos a continuación el escrito/denuncia presentado por mujeres musulmanas tras los hechos descritos en los artículos Dueños de la fe, dueños de nada (1 de 2)   Dueños de la fe, dueños de nada (2 de 2)

A la atención de la Mezquita de Vigo, UCID Galicia y UCIDE España

Asunto: Denuncia colectiva y solicitud de revisión por trato hostil, expulsiones y vulneración de la convivencia en grupos de WhatsApp vinculados a la Mezquita de Vigo

Estimadas personas responsables:

Nos dirigimos a ustedes mediante este escrito colectivo como miembros y exmiembros del grupo de WhatsApp “Nuevos musulmanes”. Entre las personas firmantes se encuentran algunas hermanas directamente afectadas por los hechos descritos y, principalmente, personas que fuimos testigos directos de lo sucedido.

El grupo “Nuevos musulmanes” se presenta y es percibido por sus integrantes como un espacio supuestamente gestionado o vinculado a la Mezquita de Vigo. Por ello, entendemos que los hechos ocurridos requieren una revisión institucional. Si dicha gestión no correspondiera formalmente a la Mezquita de Vigo, solicitamos que se aclare cuál es la relación de la entidad con el grupo, quienes ejercen las funciones de administración y moderación y bajo qué criterios se han adoptado decisiones de eliminación de mensajes, restricción de participación y expulsión de integrantes.

Tenemos conocimiento de que la persona que emitió los mensajes objeto de esta denuncia es el presidente de la Mezquita de Vigo. Esta circunstancia incrementa la gravedad de lo sucedido, dado que una persona que ostenta una posición de representación y responsabilidad comunitaria debe actuar con especial prudencia, respeto, justicia, capacidad de escucha y compromiso con la convivencia.

Presentamos este escrito para poner en su conocimiento una situación que consideramos grave por la forma en que se gestionó el desacuerdo, por el trato recibido por varias hermanas y por las consecuencias que tuvo para la convivencia comunitaria.

Todo comenzó cuando se compartió un vídeo de unas niñas con hijab acompañado de un comentario que lo celebraba como ejemplo de “chicas que eligen cubrirse según el código islámico que el islam ha impuesto a las chicas musulmanas”. Este contenido fue también difundido en otro grupo con un mayor número de personas.

En el grupo de “Nuevos musulmanes”, varias hermanas expresaron su sorpresa ante el comentario, ya que se trataba de menores que, aparentemente, ni siquiera habían alcanzado la pubertad. A partir de ese momento, la persona que compartió el vídeo envió mensajes sobre la obligatoriedad de la vestimenta islámica para las niñas al alcanzar la pubertad y sobre la desobediencia y el pecado, afirmando que:

“la vestimenta islámica y el hiyab (velo y ropa holgada que no sea transparente ni ajustada, de modo que solo se vean el rostro y las manos) son obligatorios para las niñas musulmanas al llegar a la pubertad. De lo contrario, la niña es considerada desobediente… cometiendo un pecado…”

A partir de ahí, varias hermanas empezaron a expresar sus opiniones de forma respetuosa. Señalaron la presión que las mujeres musulmanas ya experimentamos en relación con el hijab y defendieron la importancia de respetar los diferentes procesos personales dentro de la práctica religiosa.

Sin embargo, en vez de generarse un diálogo respetuoso, la situación se volvió hostil. La persona que envió el vídeo respondió a las hermanas con comentarios despectivos y desafortunados, afirmando que debían “aprender modales antes de escribir cualquier comentario” y que el grupo necesitaba “ser limpiado de algunas personas maleducadas”, entre otras expresiones.

Asimismo, se comenzaron a eliminar mensajes de las hermanas y a expulsarlas del grupo de manera que, desde nuestra perspectiva como testigos y personas afectadas, fue injustificada. También se realizaron afirmaciones sobre “querer distorsionar su religión islámica” y pretender “inventar una nueva religión”.

Uno de los comentarios más graves y dolorosos fue:

“los musulmanes recién convertidos debéis acatar las normas del islam y no enseñarnos nuestra religión”.

Esta afirmación crea una jerarquía injusta dentro de la propia comunidad, como si las personas conversas fuésemos musulmanas de segunda categoría y no tuviésemos derecho ni conocimiento suficiente para expresar nuestra opinión sobre cuestiones relacionadas con la religión.

Es importante recordar que “converso” o “conversa” describe una circunstancia de entrada reciente al islam; no es una categoría permanente ni una identidad que pueda utilizarse para limitar la participación, la dignidad o la legitimidad de una persona. Tras un periodo inicial de aprendizaje y adaptación, se es simplemente musulmán o musulmana. En cualquier caso, incluso durante ese periodo inicial, ninguna persona debe ver cuestionada su pertenencia plena a la comunidad ni ser tratada como inferior por haber llegado al islam desde otra tradición o contexto.

El islam no pertenece a una nacionalidad, cultura o grupo concreto de personas. Es una religión universal. Las personas que han abrazado el islam también formamos parte de la comunidad y buscamos conocimiento, estudiamos, preguntamos y reflexionamos sobre nuestra fe. En muchos casos aprendemos todo desde cero por iniciativa propia, dedicando muchas horas al estudio y la reflexión. Ser una persona conversa no convierte automáticamente nuestras opiniones en menos válidas ni nos sitúa en una posición inferior respecto de otros musulmanes.

Tras estos hechos, tenemos constancia de que algunas de las hermanas que señalaron lo ocurrido o expresaron su desacuerdo respetuosamente fueron también expulsadas del grupo de WhatsApp “Jóvenes de la Bondad”, un grupo general de musulmanes de Galicia. La extensión de las expulsiones a otro espacio comunitario refuerza la percepción de que no se trató de una medida puntual de moderación, sino de una respuesta dirigida a silenciar y apartar a quienes cuestionaron respetuosamente la forma en que se estaba gestionando el debate.

Por otro lado, se borraron mensajes antes de que otros miembros del grupo pudieran leerlos y valorarlos por sí mismos. Las hermanas expulsadas insistieron en que no estaban cuestionando el islam, sino expresando desacuerdos sobre la forma de transmitir el mensaje. De hecho, varias de ellas afirmaron claramente que consideraban el hijab un mandato religioso y la mayoría lo utiliza en su vida diaria.

El desacuerdo no giraba en torno a la existencia del mandato, sino en torno a la falta de sensibilidad hacia las circunstancias personales de cada mujer —y especialmente de las conversas— y a la presión a la que históricamente se somete a las mujeres en torno a este asunto.

También observamos cómo se utilizó información personal de una hermana durante la discusión, en un grupo en el que había más de 70 personas. Independientemente de las diferencias existentes, exponer aspectos privados de una persona en un debate comunitario vulnera la confianza y no contribuye a crear un entorno de respeto, seguridad y cuidado.

Finalmente, los mensajes quedaron restringidos únicamente a los administradores, cerrando por completo la posibilidad de continuar el diálogo.

Queremos señalar también que esta no fue la primera vez que observamos mensajes centrados específicamente en el hijab por parte de la misma persona. Esto genera la sensación de que determinados temas relacionados con las mujeres reciben una atención constante y desproporcionada frente a otros asuntos igualmente —o incluso más— relevantes dentro de la práctica religiosa y la vida comunitaria.

Nos preocupa profundamente que este tipo de actuaciones termine alejando a personas de los espacios comunitarios y, en algunos casos, de su propio proceso de acercamiento al islam. Cuando se responde a las preguntas, al desacuerdo respetuoso o a la reflexión con humillación, silenciamiento, expulsión o deslegitimación, se transmite una imagen de la comunidad incompatible con los principios de misericordia, justicia, respeto y buen carácter.

Estas dinámicas no siempre son visibles para el conjunto de la comunidad. Cuando se eliminan mensajes, se restringe la participación y se expulsa a quienes plantean críticas, muchas personas no llegan a conocer los hechos ni pueden valorar lo ocurrido. Esto dificulta la transparencia, impide la rendición de cuentas y puede hacer que conductas dañinas queden camufladas, invisibilizadas o normalizadas ante quienes no han presenciado directamente las conversaciones.

Lo que más nos preocupó de lo sucedido no fue encontrar personas con opiniones diferentes, porque las diferencias de opinión han existido siempre y seguirán existiendo. Lo que nos preocupó fue ver el trato que recibieron las hermanas: cómo fueron silenciadas, desacreditadas y expulsadas del grupo por expresar sus opiniones de forma respetuosa.

Consideramos que el islam enseña la importancia de la misericordia, la justicia, la humildad y el buen carácter. Enseña que todas las personas estamos en constante aprendizaje y que nadie está libre de cometer errores. Precisamente por ello, entendemos que quienes ocupan posiciones de responsabilidad dentro de la comunidad deben estar abiertos al diálogo, a la autocrítica, a la reflexión y a reconocer cuando una situación podría haberse gestionado mejor.

Como musulmanes y musulmanas, debemos saber dejar nuestro ego a un lado, reconocer nuestros errores, pedir perdón sinceramente cuando sea necesario y tratar a las demás personas con respeto, tal y como hizo siempre nuestro Profeta, la paz y las bendiciones sean con él.

Por todo lo expuesto, solicitamos respetuosamente:

  1. Que se revise de forma independiente, diligente y documentada lo ocurrido en los grupos de WhatsApp “Nuevos musulmanes” —supuestamente gestionado o vinculado a la Mezquita de Vigo— y “Jóvenes de la Bondad”, incluyendo los mensajes eliminados, las expulsiones realizadas, las restricciones de participación y las actuaciones de administración y moderación.
  2. Que se aclare formalmente la relación de la Mezquita de Vigo con el grupo “Nuevos musulmanes”, la identidad o función de las personas responsables de su gestión y los criterios aplicados para moderar, eliminar mensajes, restringir la participación o expulsar a integrantes.
  3. Que se aclare la intervención de la persona identificada por las personas firmantes como presidente de la Mezquita de Vigo y se valore si su actuación fue compatible con las responsabilidades de representación, cuidado y liderazgo comunitario.
  4. Que se valore la reincorporación de las hermanas expulsadas, si así lo desean, y que se les ofrezca una explicación clara, individualizada y por escrito sobre los motivos de dichas expulsiones.
  5. Que se establezcan normas de convivencia, moderación y resolución de conflictos transparentes, accesibles y aplicables a todas las personas por igual.
  6. Que se garantice que las personas conversas o regresadas al islam no sean tratadas como miembros de menor categoría dentro de la comunidad ni vean cuestionada su legitimidad para participar y expresar respetuosamente sus opiniones.
  7. Que se adopten medidas para evitar la exposición de información personal de miembros de los grupos sin su consentimiento.
  8. Que se promueva un entorno comunitario seguro, respetuoso y abierto al aprendizaje, donde sea posible preguntar, disentir y participar sin miedo a ser ridiculizadas, desacreditadas o excluidas.
  9. Que se habilite un canal de comunicación y revisión que permita trasladar incidencias comunitarias con confidencialidad, garantías y respuesta motivada.

Compartimos este testimonio con la esperanza de que no se repitan situaciones similares y de que nuestras comunidades puedan convertirse en espacios donde todas las personas podamos aprender, preguntar y participar con dignidad y seguridad.

Esperamos que esta situación sirva para la reflexión colectiva y para reforzar una convivencia basada en el respeto, la justicia y la misericordia.

Que Allah nos guíe y nos permita construir una comunidad con el respeto como base.

Atentamente,

*Firmado por mujeres testigos y personas directamente afectadas

Mujeres ante el sexismo y la misoginia de representantes musulmanes en Galicia