domingo. 16.08.2026
VIGO NO ES UNA EXCEPCIÓN

Dueños de la fe, dueños de nada (1 de 2)

/  “Puedo no estar de acuerdo con tus palabras, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlas”

/ Estas palabras de Voltaire resumen el pensamiento no solo de Voltaire, sino de toda una manera de entender la sociedad. Uno de los pilares de un sistema libre y democrático: la libertad de expresión

 

 

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Las palabras de Voltaire no son simples palabras, aunque para muchos resulten huecas y sin sentido. Y ahí reside el peligro,  en quienes no  dudan en denigrar la opinión de los demás mientras imponen sus normas contra viento y marea, haciéndose pasar por defensores y valedores de una fe que, más que fe, es un mundo indómito en el que predomina la promiscuidad mental y la falta de las más  esenciales cualidades de la vida: la aceptación del diferente en cualesquiera de sus exposiciones, pues las diferencias, cuando no hay roturas mentales, acercan más que alejan, mas eso es para los que piensan libremente, aquellos cuyo pensamiento no se desboca ni se retuerce al ver o al oír a quien disiente.

Las palabras de Voltaire resumen el pensamiento no solo de Voltaire, sino el de toda una manera de entender la sociedad. Uno de los pilares de un sistema libre y democrático: la libertad de expresión.

Esta frase  debería hacer recapacitar a toda esa plaga de nuevos dueños de la fe musulmana que tanto se prodiga en España, y que viene haciendo de las redes sociales uno de sus feudos más conspiranoicos, sin olvidar el blindaje doctrinal de sus centros de oración y mezquitas.

Voltaire, a diferencia de estos dueños de la fe musulmana, era un defensor de la libertad, de los derechos civiles y de la tolerancia religiosa.

TOLERAR NO ES APROBAR

La frase expresa de forma popular una tesis ilustrada: la libertad de expresión es condición de todas las demás libertades. Si callas a alguien, impides que la verdad se contraste. No das opción a las propuestas diferentes.

Eso mismo lo desarrollarán después otros pensadores europeos y sobre todo norteamericanos, donde también surgía un nuevo país: si una opinión es verdadera, silenciarla es perder la verdad; si es falsa, silenciarla es perder la ocasión de ver mejor la verdad al confrontarla.

Para quienes se creen  dueños de la fe musulmana en España es al revés: si opinas en contrario eres contrario. Hasta ahí llega la luz de la verdad de estos caniches de la fe, que ni eso.

Todo esto viene por lo siguiente: 

La semana del 16 de junio del año en curso, en un grupo  de WhatsApp de nuevos musulmanes de un Centro Islámico de Vigo, cuyo presidente se hace llamar Abu Islam (Padre del Islam) -ya eso da idea de lo que anida en su cabeza,-  muy atrás no se queda su mano derecha, un tal  El Aziri,  se produjo una situación ciertamente grave: la subida de un video desencadenó una avalancha de nepotismo, violencia y denigración hacia las mujeres participantes que tuvieron la osadía de verter su opinión.

El vídeo en sí visualizaba unas niñas, ni siquiera adolescentes, cubiertas por completo donde solo el rostro y manos quedaban al descubierto. Todas juntas, bien enfiladas y aleccionadas.  El video fue acompañado del siguiente comentario

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A los simples comentarios de

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Se desencadenó una rápida respuesta doctrinal que da idea de qué tipo de mentalidad impera en no pocas mezquitas y  centros culturales  en nuestro país.

Para una gran mayoría de estos dueños de la fe musulmana, la vestimenta islámica y el hiyab (velo y ropa holgada que no sea transparente ni ajustada, de modo que solo se vean el rostro y las manos) son obligatorios para las niñas musulmanas al llegar a la pubertad.

Para estos dueños de la fe, de no cumplirse su doctrina, existe un incumplimiento y, por tanto, la niña es considerada desobediente lo que, a su vez, lleva a la comisión de un pecado. Y si eso no fuera poco, la reprimenda puede alcanzar a los padres y demás miembros de la familia.

La pubertad se produce,  según es entendida por todos los mortales de buena crianza, cuando aparece alguno de los siguientes signos: menstruación, cumplir quince años lunares, aparición de vello grueso en ciertas zonas del cuerpo, emisión nocturna…

Sin embargo, para estos dueños de la fe musulmana ni eso alcanzan, pues vemos con regularidad niñas de 7, 8, 9 y 10 años totalmente cubiertas, y sin que ellas mismas entiendan lo que sucede. Es una de las formas de imposición que más denigran la condición de un ser humano, independientemente de su edad. Ellos son así, imponen, imponen, imponen sin pausa ni cuartel.

Los dos mensajes siguientes pronunciados por mujeres: “son niñas”, dijo una. A lo que otra abundó con: ¿En serio? fueron inmediatamente condenados, y los comentarios emitidos por otra participante,  eliminados sin contemplaciones por el administrador del grupo.

Dada la situación, una integrante del grupo escribió lo siguiente:

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Ante el desconcierto de una integrante que opinó que creía que las mujeres ya tienen  suficiente  presión por parte de la comunidad musulmana para usar el hiyab, y otra enorme por parte de la sociedad española, la respuesta del administrador fue fulminante de mandar callar:

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Y acto seguido, eliminó de un plumazo a  esa mujer del grupo.

Es la voz del nepotismo; la voz de quienes han traído a este país un islam cultural arraigado en costumbres faltas de luz racional. Para ellos la opinión de las personas no vale nada, tanto como que la cuenta debe ser limpiada de toda criatura que ose disentir de sus órdenes y de sus normas. Para más inri, les llama maleducadas, y añade que el Islam enseña a ser educados en el diálogo.

Es él el maleducado, es él quien debe asistir a clases de Islam para entender mínimamente que la opinión de una persona es algo muy valioso, así como que debe ser respetada y aceptada, incluso si entra en conflicto con otras opiniones.

La fortaleza de otras mujeres participantes del grupo tuvo a bien contestar:

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La respuesta del déspota no se hizo esperar

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Este verdugo es el que debería ser eliminado del grupo y de cuantos recintos se hable de Islam, pues adolece de los mínimos principios para escuchar a las personas y aceptar sus palabras.

Su respuesta es vomitiva y merece ser respondida de forma enérgica, pues viola el principio fundamental de la libertad de expresión.

Seguirá

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