Las palabras de Voltaire no son simples palabras, pero para muchos son huecas y sin sentido, son esos los peligrosos, son ellos los que no dudan en denigrar la opinión de los demás, estableciendo sus normas contra viento y marea, haciéndose pasar por defensores y valedores de una fe, pero más que fe es un mundo indómito en el que predomina la promiscuidad mental y la falta de las más esenciales cualidades de la vida: la aceptación del diferente en cualesquiera de sus exposiciones, pues las diferencias, cuando no hay roturas mentales, acercan más que alejan, pero eso es para los que piensan libremente, aquellos cuyo pensamiento no se desboca ni se tuerce al ver o al oír a quien disiente.
Estas palabras de Voltaire resumen el pensamiento no solo de Voltaire, sino de toda una manera de entender la sociedad. Uno de los pilares de un sistema libre y democrático: la libertad de expresión.
Esta frase de Voltaire debería hacer recapacitar a toda esa plaga de nuevos dueños de la fe musulmana que tanto se prodiga en España, y que viene haciendo de las redes sociales uno de sus feudos más conspiranoicos, sin olvidar el blindaje doctrinal de sus centros de oración y mezquitas.
Voltaire, a diferencia de estos dueños de la fe musulmana, era un defensor de la libertad, de los derechos civiles y de la tolerancia religiosa.
TOLERAR NO ES APROBAR
La frase expresa de forma popular una tesis ilustrada: la libertad de expresión es condición de todas las demás libertades. Si callas a alguien, impides que la verdad se contraste. No das opción a las propuestas diferentes.
Eso mismo lo desarrollarán después otros pensadores europeos y sobre todo norteamericanos, donde también surgía un nuevo país: si una opinión es verdadera, silenciarla es perder la verdad; si es falsa, silenciarla es perder la ocasión de ver mejor la verdad al confrontarla.
Para quienes se creen dueños de la fe musulmana en España es al revés: si opinas en contrario eres contrario. Hasta ahí llega la luz de la verdad de estos caniches de la fe, que ni eso.
Todo esto viene a cuento de lo que sigue:
La semana del 16 de junio del año en curso, en un grupo de WhatsApp de nuevos musulmanes del Centro Islámico de Vigo, presidido por un tal Abu Islam (Padre del Islam), ya eso da idea de lo que anida en su cabeza, muy atrás no se queda su mano derecha Abdel El Aziri, se produjo una situación ciertamente grave: la subida de un video desencadenó una avalancha de nepotismo, violencia y denigración hacia las mujeres participantes que tuvieron la osadía de verter su opinión.
El vídeo en sí visualizaba unas niñas, ni siquiera adolescentes, cubiertas por completo donde solo el rostro y manos quedaban al descubierto. Todas juntas, bien enfiladas y aleccionadas. El video fue acompañado del siguiente comentario
A los simples comentarios
La inmediata respuesta doctrinal da idea de qué tipo de mentalidad impera en no pocas mezquitas y centros culturales en nuestro país.
Para luna gran mayoría de estos dueños de la fe musulmana, la vestimenta islámica y el hiyab (velo y ropa holgada que no sea transparente ni ajustada, de modo que solo se vean el rostro y las manos) son obligatorios para las niñas musulmanas al llegar a la pubertad.
Para estos dueños de la fe, de no cumplirse su doctrina, existe un incumplimiento y, por tanto, la niña es considerada desobediente, lo que a su vez lleva a la comisión de un pecado. Y si eso no es poco, la reprimenda puede alcanzar a los padres, así como a otras penalidades de carácter académico, entre otras.
La pubertad se produce, y es entendida por todos los mortales de buena crianza, cuando aparece alguno de los siguientes signos: menstruación, cumplir quince años lunares, aparición de vello grueso en ciertas zonas del cuerpo, emisión nocturna…
Sin embargo, para estos dueños de la fe musulmana ni eso alcanzan, pues vemos con regularidad niñas de 7, 8, 9,10 años totalmente cubiertas, y sin que ellas mismas entiendan lo que sucede. Es una de las formas de imposición que más denigran la condición de un ser humano, independientemente de su edad. Ellos son así, imponen, imponen, imponen sin pausa ni cuartel.
Los dos mensajes siguientes pronunciados por una mujer: “son niñas”, dijo una. A lo que otra abundó con: ¿En serio? fueron inmediatamente eliminados sin contemplaciones por el administrador del grupo.
Dada la situación, una integrante del grupo escribió lo siguiente:
Ante el desconcierto de una integrante que opinó que creía que las mujeres ya tienen suficiente presión por parte de la comunidad musulmana para usar el hiyab, y otra enorme por parte de la sociedad española, la respuesta del administrador fue fulminante de mandar callar:
Es la voz del nepotismo, es la voz de quienes han traído a este país un islam cultural arraigado en costumbres faltas de luz racional. Para ellos la opinión de las personas no vale nada, tanto como que la cuenta debe ser limpiada de toda criatura que ose disentir de sus órdenes y de sus normas. Para más inri, les llama maleducadas, y añade que el Islam enseña a ser educados en el diálogo.
Es él el maleducado, es él quien debe asistir a clases de Islam para entender mínimamente que la opinión de una persona es algo muy valioso, así como que debe ser respetada y aceptada, incluso si entra en conflicto con otras opiniones.
Una integrante del grupo contestó
La respuesta del déspota no se hizo esperar
Este sinvergüenza es el que debería ser eliminado del grupo y de cuantos recintos se hable de Islam, pues adolece de los mínimos principios para escuchar a las personas y aceptar sus palabras.
Su respuesta es vomitiva y merece ser respondida de forma enérgica, pues viola el principio fundamental de la libertad de expresión.
Seguirá
