domingo. 22.03.2026
JUMILLA 2026, PARA TOMAR NOTA

Jumilla, un año después

/ La alcaldesa del PP ejecuta a pie juntillas el plan racista de Vox

900 islam

A los musulmanes de Jumilla les queda mucho por sufrir, pero esto es porque les falta capacidad de organización. El objetivo principal de una comunidad que se identifique como musulmana es ser independiente y no pedir nada; menos aún, a quienes presumen de ser grandes campeones a la hora de herir sentimientos. Vox es el problema capital de este país, y sus votantes deberían reflexionar sobre ese voto que alimenta una bestia que ya vemos cómo las gasta en EEUU.

La celebración de la festividad del Eid al Fitr en un aparcamiento que no reúne condiciones confirma la realidad de una situación que ya se esperaba. A todo esto los ciudadanos musulmanes no han sabido responder con la eficacia suficiente, pues el número de fieles da para reunir dinero suficiente para alquilar o comprar espacios libres de mancha para destinarlos a rezos colectivos y para otros menesteres de la comunidad, así iniciando camino hacia la autosuficiencia. Por otro lado, se hace necesaria la participación en la vida política de la ciudad, bien integrándose en partidos benignos, bien constituyendo nuevos partidos para ejercer como ciudadanos libres. Callar y esperar a ver qué pasa no es solución. Los ciudadanos musulmanes de Jumilla deben aprender la lección.

El PP es un partido que desdeña diferenciar entre los medios y los fines. Su postura ante el genocidio de Gaza y lo que venimos viviendo en torno a Irán, así como los despiadados comentarios del expresidente Aznar y de la actual presidenta de la Comunidad de Madrid, anticipan a las claras su postura ante fenómenos de conducta humana que trasgreden y que entran en conflicto con los valores que preconiza la democracia cristiana de la que presumen en sus estatutos fundacionales.

Resulta vergonzante ver cómo personas que se identifican como musulmanas forman parte de un partido que es contrario al Islam y a los musulmanes, así como a la protección de los más vulnerables, más aún, que reciben y aceptan subvenciones dinerarias que nadie explica por qué y para qué, como es el caso de la mal llamada Comisión Islámica de España, que recibe del PP ceutí y, a la vez del Gobierno central, hoy dirigido por partidos en teoría de izquierdas.

Es esa  mal llamada Comisión Islámica que nunca ha propiciado salidas a los múltiples problemas que enfrentan a los ciudadanos musulmanes de España, no solo ofreciéndoles apoyo y propuestas, sino también nuevos modelos de participación y de gestión de sus quehaceres sociales, alentándoles  a revisar sus procedimientos de desenvolvimiento en una sociedad cambiante y, a la vez, amenazante.

El problema no está únicamente en quienes prohíben y firman decretos, parte del mismo tiene una relación directa con la forma en la que los administrados resuelven responder a esa forma de acotamiento a la que son sometidos. Y está suficientemente probado que el que prohíbe no siempre tiene las de ganar. La solución está en que los musulmanes sean realmente musulmanes, y eso empieza siendo ciudadanos libres e independientes. Si hay que comprar un terreno para destinarlo a Musal –la se compra. La unión no consiste en reunirse todos juntos en un aparcamiento  un par de veces al año, no, la unión es estar juntos en las ideas y en los objetivos, y eso es todo el año.

Jumilla, un año después