sábado. 20.04.2024

No nos podemos volver a equivocar

* Un artículo de Leopoldo Bernabeu - Periodista - Director Radio Benidorm

* Se acerca el momento de la verdad. Una gran verdad, que con el paso de los días y las semanas parece que se va diluyendo con fuerza en el interés de quienes podemos cambiar las cosas

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Imagen de 41330 en Pixabay

Se acerca el momento de la verdad. Una gran verdad, que con el paso de los días y las semanas parece que se va diluyendo con fuerza en el interés de quienes podemos cambiar las cosas. Es algo a lo que habría que dedicar algunas horas de estudio. ¿Porqué somos capaces de pasarnos cuatro años despotricando de la situación política que nos rodea, y cuando llega el momento de cambiar la situación, nos olvidamos de esos infinitos cabreos y discusiones como si no hubieran existido?

Porque eso es realmente lo que sucede, no a todos por supuesto, pero sí a la suficiente mayoría como para que al final todo siga igual y nada cambie, motivo esencial de unas elecciones. Parece que sólo una gran hecatombe es lo que suele conseguir hacer mover el culo a esa ingente cantidad de indecisos que, a la postre y de manera sorprendente, son los que más se van a quejar en los siguientes cuatro años, pero que cuando tocó ir a votar, prefirieron repetir escenario, sofá de casa, película en el cine, fútbol en el bar o toalla en la playa…y que voten las demás.

Supongo que, en mi causa y motivación, mucho tendrá que ver la edad, hace ya un tiempo que veo las cosas de manera diferente. Se unen, en combinación perfecta de los sabores agrio y dulce, la tranquilidad de saber que poco puedo hacer por cambiar nada, y la preocupación por pensar que todo va a seguir igual. Quizás ese sea el motivo de escribir estas líneas, la obligación moral de echar el resto y dejar que la mente siga tranquila navegando hacia una arcadia feliz en la que, la alcance o no, poco más pudiste hacer.

No nos podemos volver a equivocar. Estuvo muy bien ese tiempo en el que España creyó en la posibilidad del cambio, ese 15 M, que no sólo no ha servido de nada, sino que ha contribuido y mucho a perjudicar el devenir de las siguientes generaciones, pero que en su momento se vio como una imperiosa necesidad de frenar una deriva de corrupción solapada a las dos grandes formaciones políticas, impunes durante años antes mecanismos de corrección que no llegaban.

Quiero pensar que aquel desmadre se ha corregido a medias. Los problemas hoy son otros. Tanto cogérsela con papel del fumar ha conseguido que hoy aparenten ser corruptos todos, incluyendo en ese trágico e injusto capítulo al 90% de políticos que nunca lo han sido y nunca lo serán. Una peligrosa dinámica magníficamente bien aprovechada por los más listos de la clase, que han visto en esa debilidad la autopista ideal para idiotizarnos a niveles que hace una década parecía impensable. Estamos tan anestesiados con esta nueva forma de entender la política y la vida en sí misma, que llevamos años consintiendo que se aprueben una serie de normas y leyes que nos atrapan en complejos de inferioridad brutales. Unas normas tan absurdas y fuera de toda lógica que nuestros padres y abuelos jamás hubieran consentido. Dejamos que unas mojigatas analfabetas nos digan cuales son las diferencias entre hombres y mujeres, que cuatro chalados hagan lo que quieran con nuestros hijos, que una terna de iluminados decidan como romper con las normas elementales de convivencia que nos hemos dado… y así hasta donde tu memoria te quiera llevar, no hace falta irse muy lejos, los atropellos son casi a diario.

Decía que sería cuestión de edad, puede ser que sí. Pero estoy asustado y no siento temor por confesarlo. Habrá quien diga que exagero, pero mi responsabilidad me exige pedirte que vayas a votar sin falta este domingo, que lo hagas por quien quieras, pero que tu voto no sea para esos partidos que han embrutecido nuestra convivencia y ponen en riesgo nuestro futuro, últimamente con una suerte de tómbola en la que cada día se rifan millones de euros como si fuéramos una case de párvulos a la que hay que llevar caramelos para que se porten bien.

En mi condición de periodista he tenido la ocasión de entrevistar a la práctica mayoría de candidatos que se presentan a las diferentes alcaldías de las principales poblaciones de la Marina Baja. En varias ocasiones he sentido pavor y vergüenza al comprobar la capacidad de quien tenía delante, llegando a tener que controlar ese impulso primario que me pedía preguntar si existía la más mínima responsabilidad en esa temeridad de querer ser alcalde de una población.

Por el contrario, he tenido ocasión de dialogar con muchos otros que sí daban la talla, sin importar el partido ni la ideología. Personas jóvenes unas y experimentadas otras, pero preparadas, formadas, con cultura, ilusión y capacidad. Por eso creo que para nuestro pueblo o ciudad debemos apostar por aquel que tenga las ideas claras y presente credenciales creíbles de liderazgo y capacidad. Es exactamente lo mismo que he pretendido explicar a lo largo de esta opinión, también para España, unas elecciones que llegarán antes de final de año, y que quizás sean las últimas en democracia si no nos damos cuenta de que nuestro país no resiste más tiempo a este gobierno de impresentables, vividores, mentirosos, vende patrias y cómodos al lado de asesinos y enemigos de España.

No nos podemos volver a equivocar