Me presento hoy ante ustedes en esta ciudad profundamente arraigada en la historia, Safí, cuna del mar y de las murallas, para hablar de un hilo secreto e invisible que une las olas de este océano con las del mar Mediterráneo, allá en Cádiz y Algeciras. Este hilo no es comercial ni político; es un "grito humano" fundido en un molde musical.
Y antes de adentrarme con ustedes en la búsqueda de estas raíces, permítanme inclinarme con respeto y rendir homenaje a la memoria de mi maestro y vecino, el difunto Mohamed Bouhmid (que en paz descanse). Él fue el hombre que encendió en mí esta chispa y me abrió las puertas del amor por este patrimonio inmaterial; siempre repetía que su felicidad radicaba en ver a los jóvenes cuestionar e investigar. Hoy, asumo su legado científico para compartir con ustedes conclusiones que los libros oficiales no registraron, pero que los pechos y los lamentos supieron conservar.
Primero: El útero del dolor compartido (El contexto de la opresión y el éxodo)
Querido público, las grandes artes no nacen en los salones de terciopelo, sino que brotan del útero del sufrimiento. Para comprender el flamenco y la Aita, debemos retroceder en la pantalla de la historia, concretamente a los periodos comprendidos entre la caída de Granada en 1492 y la expulsión definitiva de los moriscos en el siglo XVII (1609-1614).
Durante esos siglos crueles, la península ibérica fue testigo de una de las mayores operaciones de limpieza étnica y cultural bajo los azotes de la Inquisición. Al mismo tiempo, el pueblo gitano acababa de llegar a Iberia, encontrándose también marginado, perseguido y despojado de sus derechos por no ser cristiano.
El punto de encuentro de los oprimidos: En las montañas escarpadas y en los alrededores de los puertos, se encontraron el morisco (el musulmán oculto), el judío sefardí que huía con sus rezos y el gitano perseguido. Se formaron "comunidades de refugiados" en las orillas de los puertos españoles, a la espera de cruzar hacia la otra orilla (Marruecos, Argelia y Túnez). De esta diáspora y de este miedo compartido, nació el grito del flamenco.
Segundo: Desmantelando el dilema académico (¿Quién es el fundador?)
A menudo se ha planteado la pregunta en los círculos académicos: ¿quién fundó el flamenco? Las opiniones se dividen en tres hipótesis fundamentales:
La hipótesis gitana cerrada: Sostiene que los gitanos son los creadores exclusivos, una postura defendida por investigadores como Blas Vega. Sin embargo, es una hipótesis incompleta, ya que los gitanos en Europa del Este no produjeron flamenco, lo que demuestra que el secreto reside en el entorno de Andalucía.
La hipótesis andalusí-árabe: Representada por el padre de la patria andaluza, Blas Infante, en su libro "Orígenes del flamenco y secreto del cante jondo", y renovado hoy por el pensador académico Antonio Manuel Rodríguez Ramos en su brillante tesis. Esta hipótesis se apoya en la lingüística; la palabra "flamenco" sería una derivación fonética de la expresión árabe "Fellah menkoub" (campesino desahuciado), que sintetiza la condición del morisco expulsado de sus tierras.
La hipótesis del "nacimiento compartido" (Convivencia en la adversidad): Esta es la hipótesis que defiendo en mi investigación. El flamenco no es propiedad de una sola etnia; es una música híbrida y genial. Los gitanos no inventaron los esquemas modales, la melodía árabe y el canto litúrgico mozárabe por casualidad; ellos fueron la "cuna emocional" que fundió todos estos lamentos y los salvó de la desaparición.
Tercero: El espejo de las dos orillas (La Aita Marsawiya y el Romance de los Puertos)
Una de las conclusiones más sorprendentes y bellas que me detuvieron durante mis largas horas de audición y transcripción de poemas, es la similitud orgánica entre dos tipos de canto antiguo en ambos países:
En España: El "Romance de los puertos" en Cádiz y Algeciras.
En Marruecos: El arte de la "Aita Marsawiya" (El Marsawi), llamado así en referencia al marsa (el puerto).
1. ¿Por qué los puertos precisamente?
Los puertos eran espacios ardientes donde confluían las historias de los marineros, las lágrimas de la despedida, las ansias de los expulsados por cruzar y la esperanza del regreso. Las letras de la Aita Marsawiya en los puertos de Safí y Casablanca (Anfa) nacieron en el mismo entorno psicológico: el entorno de los extraños y de los resistentes.
2. La anatomía musical y poética compartida:
Cuando comparamos el Cante Jondo con la Aita, encontramos una coincidencia asombrosa en su estructura:
El primer grito: El flamenco comienza con el Quejío o los lamentos del dolor emocional (¡Ay... Ay...), exactamente igual que la Aita comienza con el "Tebrak", ese lamento vocal profundo que el Sheij o Sheija (maestro/a) lanza antes de entrar en los versos.
La progresión rítmica idéntica: Ambos comienzan con compases lentos y libres que permiten al poeta vaciar su carga emocional (el Tahrir o la Hatta en la Aita / el Cante libre en el flamenco). De pronto, el ritmo se eleva y se acelera de forma vibrante para cambiar de tema, llegando a lo que en la Aita llamamos la "Gabdha" (el remate) y en el flamenco el Remate o la Bulería, donde el dolor se transforma en energía de desafío y baile.
La poesía del Gacela (Zajjal): Hasta el día de hoy, los poetas del sur de España —entre ellos mi amigo, el poeta Juan Emilio Ríos Vera en Cádiz— siguen escribiendo poemas bajo la métrica de la "Gacela" (el lirismo y el zéjel andalusí), que es la prolongación directa de la poesía popular (zéjel) que cantamos en la antigua Aita Marsawiya (como los poemas de Al-Amala o el Marsawi antiguo, cargados de simbolismo).
Cuarto: El dilema de los documentos y la alternativa antropológica
Alguien podría preguntarse: ¿dónde están los documentos materiales que demuestran esto?
La respuesta que nuestros estudiantes deben saber es: la historia de los oprimidos no la escriben los sultanes. La Inquisición quemó los documentos y los manuscritos, y no les dejó a los moriscos, judíos y gitanos más que sus "gargantas".
Por ello, en mi investigación me he apoyado en la "tradición oral y la memoria auditiva". La escucha prolongada, el análisis de los modos musicales y la transcripción de los poemas se hicieron sobre la base que me iluminó el difunto Si Mohamed Bouhmid. La memoria popular marroquí es el almacén secreto de la historia andalusí no escrita.
Conclusión: Dos músicas con una misma alma
Querido público...
El flamenco y la Aita Marsawiya son dos espejos de una misma alma que se niega a romperse. Ambos transformaron el dolor humano y la opresión en un arte inmortal, inyectando esperanza en los últimos versos de sus cantos.
De Cádiz a Safí, y de Algeciras a Casablanca, descubrimos hoy un sistema cultural compartido que confirma que el mar nunca fue una barrera, sino un puente.
Les agradezco su atención y los invito a todos, desde esta tribuna, a seguir escarbando en este legado y a acompañarnos próximamente en el espectáculo musical que traducirá esta investigación en melodías, para que veamos con nuestros propios ojos y escuchemos con nuestros propios oídos: dos músicas que laten con una sola alma.
Muchas gracias.
Ahmed Ksiri Sba
