lunes 16.09.2019

El ancho del embudo

Opinión

* Sheij Ahmed Bermejo

 
 

Me encuentro en unos días de desconexión y descanso con mi familia, en un pueblecito de la Alpujarra Granadina donde apenas llega la conexión del móvil y donde no sé si conseguiré encontrar un wifi del que disponer para publicar este artículo. Pero ahora que se han ido todos a pasear y me he quedado solo sentado en la terraza, con una cautivadora vista ante mí, y el sol descendido sobre el horizonte, me he decidido a sacar el ordenador y escribir estas palabras. Si conseguiré que lleguéis a leerlas o no, es otra odisea.

Pero estos avatares de la tecnología que nos rodea y a la que tan apegados estamos, tienen sus aspectos curiosos, y es que, en medio de estas cautivadoras montañas, mientras iba en el coche intentando que funcionara alguna emisora para saber qué estaba pasando en el mundo, de repente la búsqueda automática de la radio se paró y con una claridad pasmosa escuché a un recitador de Marruecos, que con una preciosa voz y tonalidad estaba recitando el Corán.

¿Cómo es esto posible? ¿En medio de la Alpujarra una emisora de Corán? ¿Serán los espíritus de los últimos musulmanes que vivieron en estas tierras cuando fueron expulsados de la península? Eso fue lo primero que pensé cuando me salió la vena espiritual y poética, pero luego la racional me dijo que no, que todo tiene una explicación y que por las radiofrecuencias y las ondas aquí se cogen emisoras de radio e incluso televisión del norte de Marruecos.

Pero lo que sí que me impresionó de todo este episodio, es que cuando presté atención a lo que realmente escuchaba por la radio, lo que oí fue la voz del recitador leyendo la aleya en la que Allah dice: Él es Quien se vuelve sobre Sus siervos (quien acepta el arrepentimiento de Sus Siervos) pasando por alto sus malas acciones. Y sabe lo que hacen” (42, 25).

Escuchar esta aleya que tantas veces he oído y tantas veces he repetido me dejó impactado. Le presté una atención como nunca antes lo había hecho, reflexioné y cuando me empapé de ella por completo, por Allah que mis ojos se llenaron de lágrimas y un estremecimiento recorrió mi cuerpo. ¿Por qué? Porque fui consciente de la inmensa misericordia de Allah.

quran 350

Allah, subahanahu wa ta’ala, sabe lo que hacemos, no podemos ocultarle nada, sabe el mal que cometemos, lo negligentes que podemos llegar a ser, pero a pesar de todo, a pesar de todo ese mal que Él conoce de nosotros; perdona, borra, pasa por alto todo ese mal y acepta nuestro arrepentimiento, acepta que nos volvamos a Él. Es realmente maravilloso.

Esto me llevó a una segunda reflexión y es que, si esto es real y verídico, que lo es, no tengáis ninguna duda al respecto ¿por qué nos cuesta a nosotros tanto aplicarlo? Si Allah que conoce lo más bajo de nosotros, lo que hacemos en la más absoluta intimidad, que conoce perfectamente las razones que nos llevan a hacerlo, nos lo perdona si nos volvemos a Él, ¿por qué a nosotros nos cuesta tanto perdonar, nos cuesta tanto pasar por alto, nos cuesta tanto tener misericordia?

Este es un aspecto que nos debemos mirar y sobre el que debemos ser conscientes, sobretodo en estos días de las redes sociales, en los que por un lado tanto nos gusta mostrar lo que hacemos (o una parte de lo que hacemos, mejor dicho) y por otro tanto nos gusta criticar, cuestionar y juzgar lo que hacen los demás.

Algunos lo hacen sin maldad: mira cómo le queda esa camisa, mira los amigos de este, hay que ver los sitios a dónde va, mira a esta otra las ropas que lleva, etc. Sin apenas conocimiento de la situación de la gente, emitimos juicios de lo que hacen o dejan de hacer los demás, decimos que ese es un pecador, o un transgresor, los mas atrevidos dicen que es un káfir que arderá en el infierno…

Y Allah que sí sabe lo que hacemos, lo sabe perfectamente, es al contrario, Él pasa por alto nuestras malas acciones, nos perdona y acepta que nos volvamos a Él. Pero nosotros, que no lo sabemos, ni pasamos por alto, ni perdonamos, ni aceptamos el arrepentimiento. ¡Qué gran diferencia eh!

Uno de los nombres de Allah es As-Sabur, el Paciente. Eso siempre me ha producido dudas, ¿por qué tiene Allah que ser paciente? ¿Acaso no es el Poderoso sobre todas las cosas? ¿Acaso no es el que si quiere que algo ocurra le dice kun fayakun (Sea, y es? ¿Acaso no es el Único que gobierna este Universo y que Su Voluntad siempre se cumple? Todo esto me llevaba a preguntarme y cuestionarme por qué Allah es As-Sabur.

¿Y sabéis qué significa que Allah es el Paciente? Es esta aleya de la que estamos hablando, que no nos castiga por el mal que hacemos si no que se mantiene paciente para que nos volvamos a Él en arrepentimiento, nos da esa oportunidad; es decir, que Su Paciencia es que nos perdona, Su Paciencia es que tiene misericordia de nosotros, Su Paciencia es que pasa por alto nuestros errores. Esta es la paciencia de Allah hacia nosotros, y cuán hermosa es esa paciencia.

Y nosotros… ¿qué pasa con nosotros? ¿Dónde está nuestra paciencia? ¿Dónde está nuestra indulgencia? Estoy convencido de que nos iría mejor a nivel individual y colectivo, si fuéramos capaces de dejar de criticar y juzgar tanto a los demás, a nuestros propios hermanos, haciéndolo como lo hacemos sin ni siquiera saber por qué lo están haciendo.

Pero claro, somos débiles y siempre queremos el ancho del embudo para nosotros; queremos que Allah nos perdone, pero no somos capaces de perdonar, queremos que Allah pase por alto nuestras faltas y nosotros estamos a la mínima pendientes de lo que hacen o dicen los demás, para juzgarles con el más tremendo de los castigos, al mismo tiempo que esperamos que Allah acepte nuestro arrepentimiento. No lo sé, pero no me parece muy justo la verdad…

Te pido oh Allah que nos des la capacidad de perdonar y que nos perdones. Oh Allah te pedimos que nos des la capacidad de aceptar el arrepentimiento de nuestros hermanos y que aceptes Tú el nuestro. Oh Allah, te pedimos que no nos hagas juzgar a los demás y que tu juicio hacia nosotros esté empapado de Tu Perdón y Misericordia. Amin.

El ancho del embudo
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