viernes 18.10.2019

Vanidad política

* MDyC, una candidatura que se apoya en sueños, vanidad y despecho

La candidatura del MDyC responde a un simple revolcón. Se trata de una opción bañada en vanidad, sueños y cierta dosis de despecho que únicamente buscan romper las expectativas de un contrincante político

Presentarse a unas elecciones generales requiere rigor, seriedad y, sobre todo, razones para hacerlo, virtudes de las que adolece la candidatura del MDyC, en todo momento motivada y larvada en estanques de despecho y odio desmedido hacia un partido que apoyó en abril y que ahora aborrece hasta límites insospechados.

El MDyC es un partido de una persona y de unos cuantos que juraron necesidad. Un cúmulo de despropósitos que demuestra hasta qué punto las personas pueden hacer de la política un arte innoble y dañino para la sociedad, pues una de las razones existenciales de la política es servir a las personas mediante propuestas concretas y razonamientos claros, cosa que en el caso del MDyC no ocurre.

Una de los argumentos del MDyC para sustentar su antagonismo hacia el PSOE de Manuel Hernández consiste en abanderar el asunto de los asesores y cierta entente con Vivas. Pobre y mísera argumentación.

En cuanto a los asesores, más tiene el MDyC en números proporcionales, pues con dos diputados tiene tres, no así el PSOE, que no alcanza ni sobrepasa su número de diputados. Por otro lado, los acuerdos y apoyos puntuales entre PP y PSOE resultan propios del juego democrático. Tampoco hay que olvidar el apoyo del MDyC a una propuesta de VOX, del que siempre dijeron que iban a tenerles de frente, para luego darles la mano.

En el Congreso se dan situaciones de apoyo parlamentario entre opciones muy distanciadas en cuanto a pensamiento político, pero no por eso se actúa por reacción y despecho.

La candidatura del MDyC  también esconde los deseos de quien reprime y sabe esconder sus sueños de estar en el Congreso de los Diputados, tal vez la verdadera razón de presentar una candidatura tan inútil como innecesaria, pero que podría servir para acercar un sueño a una realidad inalcanzable, pero que sirve para calmar y mantener viva la llama de  un deseo tan íntimo como irrealizable.

Los despechos y las sinrazones siempre se pagan en política. El tiempo sabe mucho de esta realidad, solo hay que saber esperar. Y la vanidad siempre fue pecado.

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