domingo 25.08.2019

Una batalla silenciosa

 

* España y Marruecos libran un duelo silencioso sobre el control del Islam en España

El Instituto Real Elcano emitió un informe titulado "Relaciones: España-Marruecos", en el que desgranaba  la influencia de Marruecos en el Islam ibérico. El grupo de expertos que lo realizó exhortó a las autoridades españolas para que "participaran activamente" en la formación de imanes de mezquitas en todo el país y no dejar el campo libre para Marruecos.

Por otro lado, y a raíz de los ataques terroristas en Barcelona en agosto de 2017, el Ministro de Asuntos Musulmanes de Marruecos, Ahmed Taoufiq, abogó por una cooperación hispano-marroquí para "tratar  el extremismo religioso”. Abdellah Boussouf, secretario general del CCME, aprovechó aquel momento para pedir a las autoridades españolas "que sigan el modelo del Islam marroquí", en clara alusión a su nivel de moderación.

España está en un cruce de caminos y la elección del más adecuado no resulta fácil.

Por un lado, la idea de un “Islam español” puede parecer interesante, pues implica ejercer el derecho a la propia identidad y las legítimas decisiones que tal acción conlleva. Sin embargo, el panorama del Islam español, tal como está distribuido en el país, no ofrece el grado de calma que una decisión de ese tipo requiere, pues el grado de división entre las asociaciones musulmanas instaladas en España es enorme y sus criterios muy difíciles de armonizar.

El Gobierno español es de la idea de que la CIE puede abanderar el proyecto de un Islam español, autónomo, tolerante, inclusivo, etc., aunque tiene sus reticencias, pues a nadie se le escapa que la CIE es una institución  muy contestada en una gran mayoría de los círculos musulmanes repartidos por todo el país.

La falta de  consistencia de la CIE hace dudar al Gobierno, lo que se traduce en decisiones que denotan duda y desorientación.

El rechazo de los imames de Ceuta y Melilla a inscribirse en el Registro que solicita el Ministerio de Justicia Español  es una consecuencia de esa influencia del Ministerio de Asuntos Musulmanes de Marruecos en los asuntos musulmanes que se desarrollan en España.

Para Marruecos, los imames que ofrecen servicios religiosos en ambas ciudades están bajo el ámbito jurisdiccional de su Ministerio de Asuntos Musulmanes y, por tanto, no deben inscribirse en ningún otro registro que no sea el que ellos proponen. Aducen al respecto, arraigo en el desempeño de tales funciones, asunción de costes económicos (para Marruecos  mantener una mezquita en Ceuta y Melilla es mucho más caro que hacerlo en cualquier ciudad de Marruecos), mantenimiento, conservación y, especialmente, el control sobre el discurso religioso y sobre quién lo realiza, en una afirmación clara sobre la vigilancia que se precisa ante el acecho extremista.

Sin embargo, el “control feliz” sobre las mezquitas de Ceuta y Melilla del que hace gala Marruecos ha quedado en entredicho con  los últimos sucesos de violencia con disparos de arma de fuego contra una de las mezquitas más emblemáticas de Ceuta, la de Muley el Mehdi, un hecho que se atribuyó a posibles “ajustes de cuentas”, y sin que el ministerio marroquí haya dilucidado responsabilidades, a sabiendas de que existe una causa-efecto en todo ese asunto.

El Islam español que recomienda el Instituto Elcano necesita de bases mucho más sólidas que las actuales, y eso también precisa de tiempo y de mucho trabajo, pues armonizar las bases y que todas confluyan en un misma dirección no es tarea fácil, sobre todo si hay intereses contrapuestos y que en toda esa nebulosa no entren elementos extraños con postulados también extraños al modo de pensar y vivir españoles.

El papel de Marruecos es determinante en todo este asunto, tanto como que su participación debería estar exenta de cualquier deseo de manifestación de influencia, así como que su contribución debería limitarse a la cooperación con España para que los radicalismos y extremismos no se posicionen en ningún punto del país, pero sin ningún tipo de contraprestaciones a cambio, pues es de necesidad natural que tanto España como Marruecos mantengan su autonomía y nivel de independencia en todos sus asuntos internos, incluidos los religiosos.

Una batalla silenciosa
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