jueves 13/8/20

"Profetas" de última generación

* Opinión / "Profetas" de última generación

* Flash News

 
 

Podríamos pensar que somos afortunados y, a decir verdad, lo somos, pues aún gozamos de cierta capacidad olfativa para detectar comportamientos y estrategias perniciosas para la sociedad musulmana y para el conjunto de la sociedad en general.

Navegando por la RRSS nos encontramos con multitud de profetas de última generación que, en nombre del Islam, reparten ideas y bendiciones a los jóvenes musulmanes, ¡ojo! que no a todos, sino a los que consideran “buenos y en la senda recta”.

Jóvenes con cierta habilidad de oratoria, perfiles atractivos y de rápida conexión seducen a nuestros adolescentes con sutiles cantos de sirena; charlas, conferencias, actividades, excursiones… Todo se brinda por su felicidad y el equilibrado desarrollo de su personalidad.  Tienen fácil gancho, pescan rápido y abundante pero lo que a primera vista podría parecer un tesoro, regalo y maná caído del cielo para guiar a nuestros hijos, estos personajes y entidades que lideran asociaciones juveniles tejen una trastienda oscura y cuya entrada siempre es estrecha e imposible de franquear para quienes intentan correr las cortinas para ver qué hay en su interior.

Muchas veces te despiden con un “InchaAllah” (Dios mediante), lo que nos hace recordar aquel libro tan agradable como es “Trotamundos”, cuyo personaje va recorriendo mundo y explicando cómo debes desenvolverte en cada país. Así, ya explicando Marruecos, dice: Si te dicen InchaAllah, debes entender que `no´”.

Poco a poco, sutilmente y casi sin ser percibidos, los divulgadores de ideas atrapan a los adolescentes en un terreno del que no es fácil salir. Dicen apostar por la integración y la convivencia reafirmando su identidad musulmana, más una vez superada la primera línea, el mensaje resulta rompedor: “Sólo se puede ser buen musulmán entre musulmanes; los otros son los kafirun (incrédulos) y muchrikin (asociadores)”.

“Kafir” y “Muchrik” son razones suficientes e inequívocas para reducir los contactos con los demás a su mínima expresión; en los estudios, en el trabajo y demás relaciones de paso, porque “lo que de verdad te hará ser musulmán es tolerarlos lo justo e imprescindible y ser de los nuestros” 

No creen ni en la asimilación ni mucho menos en la integración, nunca entendida esta como una pérdida de identidad propia,  porque la perciben como un riesgo de intoxicación y posible extinción.  Tampoco les hace gracia la opción de la conciliación entre la riqueza cultural heredada y la realidad social que en algunos casos se les impone. Rechazan que esta sociedad que los ha acogido y en la que han nacido sea la suya; para ellos simplemente “no es sana”. 

El tema no es baladí porque la advertencia no deja indiferente a quienes aún se debaten entre los interrogantes de la adolescencia: “si interrelacionas demasiado con ellos corres el grave riesgo de extraviar tu alma” y, de ahí, a la manipulación del sentimiento de temor, culpa y castigo que mortifica a quienes se atreven siquiera a cuestionar sus planteamientos; “Si dudas de tu calidad de musulmán es que Shaytán (Satán) está cerca de ti”.

No ver este peligro es ignorar la situación de vulnerabilidad en la que se encuentran una gran parte de nuestras jóvenes generaciones; niños, adolescentes y jóvenes abocados al riesgo de caer en el desamparo y dejación de educación por parte de muchas de nuestras familias y comunidades y, la interesada proliferación de profetas salvadores de sus almas.

Quienes consiguen desconectar de sus “enseñanzas” padecerán profundas secuelas psicológicas durante mucho tiempo; heridas que supurarán y cicatrizarán tras liberarse de esas telas de araña de luces y colores, de promesas y bienaventuranzas que un día les llevó a creer con ilusión que eran una especie de “elegidos”, los mejores de entre los nuestros.

Por ello, queremos  hacer un llamamiento a las familias para que sigan con cautela los pasos de sus hijos y velen por su implicación en las asociaciones en las que participan, así como a la CIE, una entidad inoperante  que nunca ha impulsado ningún tipo de programas en las redes sociales para reducir el poder de estos salvadores de almas,  pues resulta de vital importancia garantizar la salud espiritual de los jóvenes musulmanes, con acciones que supervisen y depuren  la actividad y contenidos de determinadas asociaciones juveniles y los discursos de sus dirigentes quienes, bajo el paraguas de “islámicas”, moldean a la juventud en la desconfianza, recelo y ruptura de la sociedad conduciéndoles hacia un horizonte de sectarismos del que resulta muy difícil retornar.

 
 

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