viernes 18.10.2019

Política desconcertante

* Un partido socialista dividido frente a un partido popular hábil y silencioso

Ya se perfilan las listas para el 10N. Pocas novedades. PSOE y PP repiten candidatos.

Patética la vuelta al ruedo del que fuera enemigo acérrimo de Cs, Julián Dominguez, denostado en todos los comicios a los que acudió como candidato de UPyD.

El partido de Rivera en Ceuta ya tiene lo que le faltaba para agravar aún más su desunión y dispersión.  A la actual coordinadora ya le habrá quedado claro que su elección  tuvo como único fin presentar un partido inclusivo cuando todos sabemos que no lo es. Ahora deberá cuidar sus espaldas,  puñales no le van a faltar.

Los candidatos del PSOE repiten por mandato de Madrid. La última asamblea de los socialistas estuvo presidida por la desunión y las malas formas. Los grupos antiaperturistas hicieron gala de una enorme agresividad hacia el actual secretario general.

Los Núñez, Fernández, Gil y tantos otros y otras, mostraron cualidades propias de grupos extremistas y excluyentes, amigos de un socialismo monolítico e impenetrable.

Ser socialista no es permanecer en cómodos despachos esperando y contando los días para arremeter contra el secretario general de turno.

Ser socialista es arriesgarse a saltar y permanecer en la arena política, es ayudar a los demás, concienciarse de sus problemas, escuchar a los más vulnerables, cosa que se hace poniendo a su alcance sitios a los que dirigirse…

Algunos de los que sacaron su gorro en forma de pirulí no deberían olvidar los episodios de incapacidad que protagonizaron cuando pasaron por la Secretaría General, permaneciendo horas y presentando dimisión, sin más valor que la propia retirada, incapaces de aguantar un vendaval como el que ahora promueven.

Ellos son los que han propiciado con su inmovilismo que el partido popular haya podido acampar a su antojo durante 18 años, pues nunca hicieron nada para abrir el partido y dejar de lado aquellos negros años en los cuales fomentaban grupos socialistas en función de raza e identidad. Y como recuerdo aquel Grupo Socialista Árabe, un saco en el que echaban a quienes resultaban incómodos por sus diferencias de identidad, culturales y religiosas.

Ser socialista es aceptar los resultados de las asambleas y, en consecuencia, aceptar las conclusiones de la Ejecutiva legalmente establecida.

Otros que en su tiempo comandaron Consejos Económicos y Sociales tampoco deberían olvidar su nula contribución a una Ceuta mejor, más bien sirviéndose de dicho puesto para asegurar jugosos peculios.

La entente entre el secretario general del PSOE ceutí y el presidente Vivas ha generado grandes controversias. Tal vez, el más perjudicado sea el socialista, pues tal grado de cordialidad en algunos asuntos puntuales le ha causado un mayor desgaste que al propio presidente de la Ciudad.

La estrategia del PP, bien diseñada y  con cara amable, ha conseguido que sus candidatos lleguen sin mácula a los comicios del 10N, contrariamente a lo que sucede con los candidatos socialistas, que llegan sin el lustre de abril.

Si algo hay que reconocerle al actual secretario general del PSOE es su entereza ante tanto camuflado camaleónico, ya que muchos de los que ahora le anatemizan serían incapaces de aguantar unos pocos minutos en su lugar.

A Manuel Hernández le espera un camino pleno en dificultades, sobre todo porque ahora ha podido constatar que el PP tiene muchos comandantes entre las fuerzas socialistas.

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