jueves 13/8/20

Limbo

* Opinión 

* Esmeralda Marugán - Periodista

 
 

Había una vez un lugar que se llamaba "limbo”, decían que era el destino de los niños y de las niñas que morían sin  recibir el sacramento del bautismo,  y por lo tanto continuaban con  el pecado original. Algo así como Segismundo por el hecho de nacer,  tal vez porque siempre he soñado más despierta que dormida y para lograrlo Calderón de La Barca era uno de mis clásicos. Pero creo que  debería haberme cuestionado lo que  es "un sacramento", y también el significado "del bautismo",  aunque no lo hice, me conformé con aceptar...

No sé si nací sumisa y obediente, o si fui aprendiendo con los años -el es lo que toca-, y a ejercer mi valiente cobardía como supervivencia,  lo cierto es que sentí gran alivio cuando el Vaticano dio libre entrada al cielo a todos los niños muertos, hubieran o no sido pasados por las aguas de la iglesia católica.

Me sentí una especie de Galileo Galilei, en la firme creencia de que la tierra debería de girar en torno a ellos, porque su luz sí es realmente una estrella.

Hoy ya bastante descreída, y herida pero aún viva, le pregunto a Dios que está ocurriendo con el Ángel de la Guarda,  si  se quedó en el limbo o si desapareció con él, porque las estadísticas de los niños y niñas asesinados/as, maltratados/as violados/as , abusados/as son escalofriantes. La mayoría de ellos por quienes deberían de protegerles, padres endemoniados aún más que  el mismísimo "Lucifer",  con la venia de señores y señoras de negro que empeñados en negarles, les están condenando a un limbo  que no existe, pero en el que algunos entran asesinados, incluso los bautizados. Se llama violencia VICARÍA  y debería de dejar sin dormir no solo a los que la ejercen, sino también a todas las instituciones y organismos que no la están evitando.

Cuándo en algún viaje, fundamentalmente por  tierra de mi  Castilla y León, contemplo la majestuosidad de las catedrales,  la gótica impresionante de León, la bella desconocida  de Palencia, la impresionante y declarada Patrimonio de la Humanidad de Burgos, junto a la de Segovia, que fue además de las últimas construcciones góticas de Europa, y destaca por ser La Dama o la primera de la península en Ávila, sin olvidarme de la ciudad que posee dos unidas, la nueva y la vieja,  gótica y  románica de Salamanca, además de la Zamorana con denominación del Duero, y por supuesto   la inacabada y no por ello menos bella de Santa María de la Antigua en Valladolid, me da "un no sé qué", porque no hay construcciones más únicas,  pero a pesar de la grandeza arquitectónica y del resto de artes, me asustan y mucho. Y por dentro, me provocan tal ansiedad que mi mascarilla tiene que ir con oxígeno incluido.

Las expresiones de los supuestos angelitos, y sus cuerpos a veces desnudos, y otras con alas sin vuelo, entre las miradas de los adultos, y  las serpientes pecaminosas. Los brillos, o los lienzos, retratos y pinturas de ojos inquisidores, o aterrorizados por ese denominador común de nuestra religión que se llama pecado y castigo. Las velas y los donativos, los confesionarios, y nuestros cristos ensangrentados y llenos de espinas, me parecen lo más lejano del bien. Son como el perfecto escenario para el terror. Y muy lejos del cielo. Ni tan siquiera están  -a la mitad- de la película de Manuel Gutiérrez Aragón.

¿Habrá alguna posibilidad de que San Pedro,  el sereno del paraíso, nos asegure que  allí  no   hay sitio para los malos?

 Aunque sean muy habituales del -Ave María Purísima -y repitan muchas veces...el santificado sea tu

 nombre, o sean directamente ateos, agnósticos, o de cualquier otro rezo,

  ¿Tendrán todos, todos, prohibido el paso? Ellos son siempre reincidentes, aunque aquí en la tierra les ayude el derecho y la presunción de inocencia.

Mi amiga Macu me hace de intermediaria con  El sagrado corazón de Jesús, y le pide por las niñas y niños que a veces no son los de otro, por ello además, le ruego a Urano (dios del cielo) y a Gala  (diosa de la tierra) ambos padres de Gala, la diosa de las profecías, la ley divina, y los juramentos, que renueve sus votos con nuestra justicia, porque ella  y sus cómplices están en el limbo, y ya no existe.

Bien lo sabe María Salmerón, para la que una jueza de Sevilla ha sentenciado el ingreso inmediato en cárcel -nueve meses - por incumplir el régimen de visitas de su hija (de 20 años en la actualidad) con su ex, maltratador con sentencia condenatoria que por cierto no ha cumplido. 

Balanza, espada y venda, in-justicia ciega.

Limbo
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