martes 24/11/20

En mi mesa...no

* Opinión

* Esmeralda Marugán - Periodista

 
 

He llegado a una edad,  vengo de un pasado, y un antes de acelerador permanente, con carretera sin manta, y sin firmes bituminosos seguros, entre caminos con peajes de autopistas, y precipicios a lo Thelma y Louise.  Además estoy en un momento concreto, vivo unas determinadas circunstancias, y  sé lo que siento de manera que deseo aprender a perder las que me conviertan  en cómplice, en complaciente, en parte de aquello, y con esos "ellos" y "ellas", y  "elles"(aunque esto no lo entiendo) que han hecho del mundo que quiero un estercolero propio, apoyados por instituciones, organismos y grandilocuentes acontecimientos.

Empezaré confirmando mi género que sí es determinante, soy mujer, no es un sexo sentido,  mi madre, mujer y de nombre Soledad, me parió así, a ambas nos han ocurrido determinados hechos por serlo, por mucho que se estén empeñando en el ministerio de igualdad en dar prioridad a otros colectivos, a base de volver a negarnos a nosotras que somos el 51% de la población, pese a las asesinadas semana sí,  semana también. Y con ello no niego los derechos del LGBT.

Mi oficio va en mis arterias, aunque siempre lo he vivido a "a mi manera", sin reparar en gastos a la hora de complicarme,  proyección de mi día a día, a veces sin salida, y otras con ellas de emergencia. La puerta grande la dejo para "la cultura", y sin negar que ha sido una tradición sentida, vivida, incluso me atrevo a considerar que enriqueció el lenguaje, y disculpándome con aquellos amigos a los que aprecio, y considero, pero no puede ser un arte, el arte de matar, y aún menos un espectáculo ni un disfrute el sufrimiento ajeno, sea de persona o animal. Ningún animal actuaría como lo han hecho algunos que dicen defender "La fiesta Nacional" contra la ministra de trabajo Yolanda Díaz, lamentables bárbaros,  y lamentables hechos. Ella no necesita mi apoyo, y no hemos tenido lugares comunes, aunque sí amigos,   pero es de esas mujeres con la que sí me sentaría a la mesa. A la vez que digo en voz alta, sin gritos y por escrito, que mi nación es España, y no es mi fiesta.

Creo que si quieren mantenerla, deben de pagársela los propios,  porque escucho hablar de chiringuitos feministas, y me sonrojo de las intencionadas manipulaciones que convierte al ser humano en "Homo Homine Lupus".⁶  Y por  supuesto no me es indiferente el dolor del torero cuando lo sufre, aunque lo elija.

He compartido con algunos mantel,  saber,  amistad, y volvería a ello, porque amaban su profesión,  aunque hoy yo no la vea de la misma manera.

No deseo besos de Judas, ni de “caínes”, tampoco soy Abel en versión mujer. Entiendo diferentes maneras de mirar y de enfocar el estado, y aunque siempre me ubicaron los unos en el lugar de los otros, y a la inversa,  respeto profundamente a los coherentes, a aquellos cuyos vicios privados no son virtudes públicas,  y a los partidos políticos que en sus programas no esconden, no callan, no ocultan sus deseos, pero ojo no son " los deseos derechos".

Mi corazón y mi cerebro no son diestros,  pero quiero compartir con mujeres y con hombres cuyos intereses no sean prioritariamente los económicos,  ni la utilización de los otros, de las otras en el burdel del cuánto, mientras que  buscan que los delegados del cielo les den la bendición en una patria que sigue empeñada en honrar a los vencedores, y llamar revanchistas a los vencidos.

Me ocurre también con los míos, aunque sean una batalla más nueva, la cuneta del no reconocimiento, y las consecuencias son "herida abierta". Los daños con nombre propio no pueden ser olvido, lo que no se cura se repite. He pasado página y asumo la responsabilidad de adulta que no supo elegir, pero las secuelas  a ella, a ellos, necesita de justicia.

Mis muertas tienen nombre de mujer(asesinadas) Hoy es mi frente. Y su guerra, la mía.

Cuando algunas de las que potencian a sus verdugos pretende rebatirme con "los buenos hombres” que conocen, frente a la perversidad "femenina" concretando acontecimientos,  no es que me quede sin argumentos, es que ya no tengo tiempo de perderlo.  ¡Pues claro que hay hombres magníficos, y mujeres perversas! y algunas  muy cerca...

 En mi último acontecimiento social, he tenido momentos con deseos  de "missing",  me pasa a menudo, y eso que asisto a pocos. Debo de estar a punto de entrar "en fobia social".

 En ese todo vale de "moral distraída" con el convencimiento de que eran la legión del bien, hablaban mucho  y mal del actual gobierno, y sin pretenderlo estaban dándome razones como puños justamente para lo contrario. En ocasiones, el marketing lo hacen los otros...más que por estar en un lugar determinado, por no estar en el contrario, (me ocurre también con "dos diales" de mi paraíso, la radio).

 Claro que no todos los nombres de mujer me animan al brindis, para empezar porque los míos son con agua, y  tengo claro que su bien, es el mal de la mayoría de nosotras, y ojalá que de la mayoría de ellos. ¡Qué viva el amor!, se repitió con precio de salida, pero la banca del deseo no es compatible con mi credo, y al igual que mi bandera no representa  lo que pretenden algunos de los que la hacen solo suya, por mucho que se la pongan en la mascarilla, también es mía,  y  tampoco aquellas que por tener ovarios y tetas, viven de vendernos al "quien da más”

Sé que aún me siento en la mesa del miedo, convertido en dolor, me hace vulnerable, y peor yo.

¡Ojalá pueda sanarme, y decirle NO!.

En mi mesa...no
Comentarios