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Revisión histórica parte II

Redacción | 08 de abril de 2020

El arco de Constantino es un arco del triunfo que se encuentra entre el Coliseo y la colina del Palatino, en Roma.
El arco de Constantino es un arco del triunfo que se encuentra entre el Coliseo y la colina del Palatino, en Roma.

* Por Uzman Bersabé

* Historiador y profundo conocedor de la riqueza documental de los archivos y bibliotecas españolas 

En Jerusalén, su capital espiritual y en el seno del clan y de la familia más prestigiosa y santa de los Profetas Judíos, nació Jesús de Nazaret hijo de María (AS).

 Desde su mismo nacimiento todo lo que se refiere a Él, está impregnado de misterio, santidad, fuerza, transgresión con los valores impuestos, por lo que regeneradores de toda la concepción espiritual y vital de la cadena profética. Esta regenerada concepción del judaísmo que trae Jesús (AS) basada en el amor y la igualdad entre los hombres, transforma los conceptos judíos de pueblo elegido, transmutándolo en un mensaje universal. Sobre la naturaleza de tan maravilloso y excepcional ser, no es mi intención valorar, ya que son tantas las versiones religiosas y de todo tipo, que desviaría demasiado la intención de este trabajo. Lo que sí es innegable, es que, con el tiempo, este acontecimiento va a transformar el mundo tal como hasta entonces estaba configurado.

Poco a poco, este nuevo mensaje se va transmitiendo a través de las juderías, ya que éste, proviene del mismo judaísmo, pero choca con sus oligarquías, que se aferran a la concepción ortodoxa del judaísmo y que además son sumisas a Roma. Para lograr esta sumisión, les es obligado buscar alguna fórmula de compromiso, que les permita acatar el culto al emperador y a la vez salvar la cara ante los suyos. Para este delicado trabajo, lo encargan a doctores de la ley Mosaica que se afanan en conseguir estas fórmulas de compromiso, inaugurando con ello, lo que hoy conocemos como la ciencia de la teología, y que poco más tarde va a tener una enorme trascendencia.

 Al principio, la continua prédica de los Compañeros-Apóstoles, ahora sin las restricciones ortodoxas judías, llega también a los gentiles y se expande a todas las provincias orientales por lo que el número de adeptos no para de crecer entre todas las capas de sus poblaciones, judías y no judías. El vehículo de transmisión de este mensaje universal va a ser los evangelios que son los relatos de la vida y las enseñanzas de Jesús a lo largo de su corta, pero intensa vida, escritos por sus seguidores y compañeros. Estos fueron muchos, la mayoría contemporáneos del Maestro y con el tiempo, escritos por algunos que vivieron generaciones después.

Lógicamente, si fueron muchos los escritores de evangelios que le siguieron físicamente y con posterioridad, fueron muchos los evangelios que se propagaron por todo el imperio. Ya que el único nexo que tenían los primeros cristianos con su fe eran estos evangelios. La diversidad de las interpretaciones de estos, fueron conformando diferentes formas de culto, a veces casi imperceptibles y otras muy diferentes. A pesar de esto, la vitalidad y la fuerza del mensaje es tan fuerte que, a lo largo de los siguientes cuatro siglos, este nuevo mensaje espiritual y luego religión de hecho, escindiéndose completamente del judaísmo, no va a parar de crecer, hasta el extremo, de llegar a ser el más grave problema global para las autoridades imperiales. El nivel de calado entre todas las clases sociales romanas de esta nueva religión, culmina en el trascendental e insólito hecho, de que, en el siglo IV, bajo el emperador Constantino que se declara cristiano, el cristianismo se convierte de ser un culto restringido y clandestino, a ser de facto la religión del estado Romano, trasladando el culto al emperador, al culto del cristianismo.

Para apreciar tan radical cambio, basta apuntar que el cuarto edicto del predecesor de éste, Diocleciano, obligaba a todos los cristianos sin excepción (no sólo, como hasta entonces, al clero y a los funcionarios y los soldados) a ofrecer sacrificios a los dioses bajo pena de muerte, lo que desataría una gran persecución. La renuncia del emperador, en el año 305, supuso el cese o al menos el relajamiento de la aplicación de estas medidas en los territorios occidentales. Y muy poco después, en el año 313, Constantino promulga el Edicto de Milán, que permitía el libre culto del cristianismo en todo el imperio.

Las claves de este complejísimo proceso, son muchas y muy variadas, pero el principal conflicto que va a tener para su propagación, va a ser, como confrontar el monoteísmo de este mensaje, con una sociedad atávicamente politeísta en su diversidad.

 Este problema, va a tener una incidencia dispar. Mientras que, en las provincias orientales, más cercanas geográficamente con los lugares originales donde se dieron las enseñanzas, el monoteísmo va a ser fácilmente asimilado, en las provincias más occidentales donde la amalgama de creencias es pareja a la diversidad de pueblos romanizados, que han mantenido sus propios cultos y que, lo mismo que le pasa a la religión romana primigenia, por principios básicos no pueden entender que haya un solo Dios Único.

 Además, por lógica, la llegada del mensaje cristiano en estas latitudes es muy posterior, varias generaciones hay de distancia con el mensaje original y sus evangelistas contemporáneos con la Enseñanza.

 ¿También está el asunto del misterio de su muerte?, ¿desaparición?, resurrección? Y muchos más misterios, su nacimiento, sus innumerables milagros. En resumen, todo un halo de misterio sobrenatural, que sí es más fácil de entender para unos pueblos muy supersticiosos.

Hay que tener en cuenta, que las bases religiosas de los cultos politeístas romanos, son fórmulas ancestrales, diseñadas para dar respuestas a dos elementos fundamentales: La suerte y los augurios.

El primero se refiere a todo lo referente a atraer la buena suerte y alejar a la mala suerte, alrededor de esto giran una buena parte del culto romano, pero, por otro lado, parte de esta creencia, dice que la suerte es caprichosa, como sus dioses. Por eso el pueblo romano va a ser tan adicto a los juegos de azar, una buena parte de la cotidianidad de estas gentes está reservada a las apuestas, se apuesta por todo, de ahí, la importancia que tuvo en toda la sociedad, las carreras de aurigas y los juegos circenses de gladiadores, que los Emperadores y las clases senatoriales se empeñaban en fomentar para ganarse a la plebe y aumentar su prestigio y fama. En una sociedad tan materialista como la romana, los juegos de azar podían cambiar de golpe el estatus de cualquiera, de forma imposible por otros medios.

En el caso del segundo elemento, los augurios forman parte esencial en la religión romana. En todos los asuntos, tanto triviales como decisivos, en la vida del romano, los augurios van a ser determinantes. Desde el Emperador al más bajo rango social no se va a emprender ningún asunto sin que medie un augurio, si es un buen augurio se lleva a cabo, si es malo, no se hace. Las fórmulas para tales augurios eran muchísimas y cambiaban según las modas, de entre las principales y más antiguas eran, por ejemplo, la dirección en la que volaban las aves o la lectura en las vísceras del animal sacrificado para la ocasión. Las clases sacerdotales eran las encargadas de interpretar estos augurios y el común de la gente creía en ellos fervorosamente. Famosos, por tal fervor eran los legionarios, que en muchísimas ocasiones originaron insurrecciones sangrientas por tales motivos, por lo que sus generales eran muy cautos en estos asuntos y hacían todo lo posible por contentarlos. También gozaba de un gran status, la adivinación y la interpretación de los sueños ya que se creía que el devenir del futuro podía ser descifrado con antelación, los Oráculos eran muy venerados y acudían gentes de todas partes en peregrinación. Por otra parte, los Emperadores desde los tiempos de Julio César, son los más altos dignatarios de esa clase sacerdotal, ya que ostentaban el título de PONTIFEX MAXIMUS.

Teniendo todo esto en cuenta, se fueron creando diferentes maneras de entender la nueva religión. Y aquí vuelven a entrar en juego los Teólogos, pero esta vez, mucho más importantes y cercanos al poder, ya que su labor va a ser fundamental para seguir garantizando la Pax Romana. En parte adaptando y en otras transformando, juegan hábilmente con las posibles conclusiones de todo este misterio, de forma que, de entre los extremos del politeísmo total y del monoteísmo total fueron surgiendo interpretaciones intermedias más fáciles de entender por los romanos.

La consecución de todo este proceso, que se fragua durante los dos siglos siguientes va a culminar en el dogma del trinitarismo como fórmula intermedia, introduciendo la idea de la corporación de Dios en su hijo Jesús para la redención del mundo, con un tercer ente divino que los enlaza en la figura del Espíritu Santo. Es un solo Dios, pero a la vez son tres, una fórmula que se acerca más a la mentalidad pagana imperante y por tanto, una manera de paliar el conflicto. Los Teólogos van a ser indispensables y su poder e influencia enorme, para la propagación de la doctrina, en el resto de las provincias y de Roma. Su influencia, va a extenderse sobre todo por las clases altas y entre los dignatarios de más alto nivel, de forma que llegan a sustituir a la casta de los antiguos adivinos y astrólogos. 

La conclusión de este proceso va a culminar en la celebración del primer concilio ecuménico, celebrado en la ciudad de Nicea, en el año 325dc, convocado por el emperador Constantino, para resolver la disputa fundamental que enfrenta a esas alturas las bases del cristianismo, y en la que el Emperador se va a involucrar.

   

imagen uzmanEL IMPERIO ROMANO EN EPOCA DE CONSTANTINO EL GRANDE

 

Por una parte, la que llega desde Alejandría, sustentada por el obispo Arrio, que sostenía que Cristo era de diferente sustancia que Dios, por tanto, defensor del monoteísmo.

Y por la otra, la del obispo Atanasio, que defendía la doctrina de que eran de la misma sustancia, por tanto, defensor del trinitarismo.

Después de un mes de deliberaciones, en las que intervinieron más de trescientos teólogos y obispos venidos de todo el imperio, el resultado es que Atanasio tiene razón y que la doctrina trinitaria, es el auténtico dogma cristiano.

La importancia de la formulación del Credo Niceno, aparte de atajar la gran disputa teológica es que va a establecer la idea de la relación estado-iglesia que permitirá la expansión del cristianismo con una vitalidad inédita. Finalmente, en el año 380 bajo el Emperador Teodosio, se promulga el edicto de Tesalónica, mediante el cual, el cristianismo trinitario, se convertirá en la religión oficial del Imperio y el arrianismo va a ser perseguido como herejía.

© Derechos Reservados Uzman Bersabé

 

 

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