domingo 08.12.2019
Medicamentos en Marruecos, un lujo para pocos

La salud como garante de españolidad

Los ciudadanos marroquíes estimulan afecto y simpatía hacia Ceuta y Melilla por el precio de sus medicamentos, mucho más bajos que en Marruecos

Imagen de Arek Socha
Imagen de Arek Socha

El Espidifen, Ibuprofeno (arginina) pertenece a un grupo de medicamentos llamados antiinflamatorios. De Zambon Group y ya lleva 16 años liderando la venta de fármacos para aliviar el dolor. Un analgésico que en 1995 se convirtió en el primer y revolucionario Ibuprofeno-arginina del mercado, destacando por su rapidez de acción, efectividad y tolerabilidad, así definido por Zambon Group.

En 1995 fue lanzado bajo el lema 'Elimina el dolor de raíz'. En 2007, la marca amplió su oferta con el lanzamiento del sabor albaricoque. Hoy se comercializa bajo el lema 'Alivio del dolor rápido, muy rápido'. Desde su lanzamiento, Espidifen se ha convertido en uno de los fármacos de referencia para el bienestar cotidiano de las personas ya que proporciona alivio de todo tipo de dolor como: dolor dental, dolor muscular, dolor menstrual y dolor de cabeza, principalmente.

Actualmente, Espidifen se encuentra disponible en el mercado en sobres de 600 y 400 mg, en 2 sabores distintos (menta y albaricoque) y también en comprimidos de 400 mg.  espidifen sobres

En Marruecos tiene una enorme aceptación, tanta que puede encontrarse en muchas  tiendas de alimentación a tres dírhams (0,25€) el sobre. Todo el producto es de procedencia Ceuta, ya que las farmacias marroquíes no disponen del mismo en formato sobre. La  venta en tiendas es una práctica muy antigua como remedio efectivo contra los dolores más usuales.  La caja de 40 unidades tiene un precio en Ceuta de 3 euros, frente a los 120 dírhams (11,50€) en tiendas de Marruecos. Cómo sale desde Ceuta en grandes cantidades es todo un misterio.

La moda también tiene su peso en las farmacias. Muchos de los fármacos que en los años 80 se consideraban imprescindibles en el botiquín familiar han desaparecido o simplemente han pasado al olvido debido al empuje de la competencia. Nuevos preparados, más potentes o de más fácil utilización, van desplazado a las primeras marcas y haciéndose un hueco que, posiblemente, dentro de diez años, también tengan que dejar para los que puedan surgir en un futuro.

El lugar que hoy ocupa el Espedifen en los hogares marroquíes  le fue arrebatado a otro   analgésico de nombre Calmante vitaminado, de la  compañía cordobesa Laboratorios Pérez Giménez. Una firma histórica, bien conocida en los hogares españoles y marroquíes por su producto estrella, el Calmante Vitaminado.  

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Sin embargo, el analgésico más famoso de los años ochenta era el optalidón. Desaparecido en combate, en su forma original, el optalidón fue protagonista indiscutible de la farmacia de los ochenta, el gran divo. Tuvo un éxito social bestial y se utilizaba contra los dolores de cabeza, cefaleas y dolor menstrual. Era tomarlo y se pasaban todas las penas. Tenía un problema: su composición contenía un barbitúrico (butalvital), lo que significa que generaba adicción. Los pacientes sentían placer al tomarlo y cuando les faltaba surgía el síndrome de abstinencia, porque se convertían en adictos. Llegó incluso a utilizarse como droga de abuso. El laboratorio que lo fabricaba se vio obligado a cambiar su formulación y su estrella se apagó.

En Ceuta existió un verdadero tráfico con el optalidón con destino Marruecos. Eran habituales las aprehensiones de grandes alijos tanto en la frontera marroquí como resultado de las inspecciones que realizaban las fuerzas de seguridad españolas. Tanto es así que algunas personas con residencia en Ceuta aún se les conoce con el sobrenombre de ‘optalidón’, por su relación  con el tráfico de dicho producto hacia Marruecos. El butavital imprimió al producto calidad de droga, por lo que su introducción en el país estuvo  castigada con fuertes sanciones y mayores penas.

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Los hogares marroquíes han ligado su historia cotidiana a remolque de los hogares españoles, a quienes seguían ciegamente en sus costumbres  a la hora de aliviar dolores y sanar heridas, así como a la hora de prevenir infecciones.

Y si para el dolor estaba el optalidón, para las heridas estaban  los polvos  Azol, cuya historia está relacionada con la Segunda Guerra Mundial, aunque en realidad comenzó antes. Anteriores a los antiobióticos, los polvos aparecieron en el mercado en los años 40 del siglo pasado, tras el descubrimiento de la penicilina. Se espolvoreaban sobre la herida, "con el riesgo que algo así conlleva de crear un cuerpo extraño" y tenían una eficacia muy limitada. El ejército nazi los probó con prisioneros de los campos de concentración, a los que les rompían los huesos para comprobar cómo los polvos de Azol les recuperaban de las lesiones. En realidad, no pasaba nada de eso. Los soldados americanos, a diferencia de los alemanes, disponían ya para entonces de antibióticos, que les permitían recuperarse rápidamente de las heridas de guerra.

polvo azol​En la historia de los analgésicos infantiles, destaca la Aspirina infantil.  Las había efervescentes con sabor a naranja, también otras menos sofisticadas, y eran mano de santo con los niños, porque en aquella época no existían como hoy el Dalsy, ni el Apiretal, ni todos sus familiares, genéricos y de marca. Su caída y desaparición no se debió, sin embargo, al florecimiento de nuevos competidores, sino a la ciencia. Una investigación demostró la relación entre la aspirina infantil y el síndrome de Reye. De origen desconocido, esta enfermedad está ligada a procesos febriles, gripe y varicela. Se presenta con síntomas como vómitos, somnolencia y pérdidas de la consciencia y aunque es extremadamente rara, acabó con el reinado de la aspirina infantil. La industria se ocupó de llenar su hueco con abundantes analgésicos aptos para críos.

Un producto que se hizo también muy famoso en los hogares españoles y marroquíes no era de la familia de los  analgésicos ni servía para curar heridas, nada de eso, era para prevenir y matar piojos. Se trata del champú Flivit.

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Si hay un anuncio de producto farmacéutico que permanece en la memoria de los telespectadores es el de Filvit champú, contra los piojos. A más de uno le habrá venido a la memoria la cancioncilla del jingle sólo con haberlo leído. El Filvit original contenía un insecticida potente, aunque arriesgado, "que está bastante en desuso como pediculicida. Contenía fósforo, que produce toxicidad cuando se usa de forma excesiva. Con posterioridad, alguien descubrió que los aceites de silicona crean una película que envuelve a piojos y liendres y los mata por asfixia. Fue el fin de las fórmulas tradicionales, aunque aún los románticos pueden adquirir en las farmacias una forma de la conocida marca de los ochenta llamada Filvit P. Se llama así porque contiene permetrina, que no es tóxico para los mamíferos y sí para peces e insectos.

Las farmacias ceutíes siempre han tenido en el cliente marroquí una fuente de ingresos importante, pues había –y hay- que abastecer a todas las personas que necesitan medicamentos al otro lado de la frontera, pues qué duda cabe de que en Ceuta los medicamentos son mucho más baratos que en Marruecos, existiendo grandes ramificaciones en torno a un mercado que no asoma mucho la cara y que siempre ha preferido mantenerse alejado de cualquier foco que pudiera alterar su hábitat.

Si los coches dedicados  al tráfico de mercancías entre Ceuta y Marruecos constituyen una fuente de ingresos vital para el comercio local de la ciudad, una actividad comercial concentrada  en las inmediaciones de la frontera, así como en diversos puntos de la ciudad, aunque en menor medida, no lo es menos el mercado tradicional de los medicamentos entre Ceuta y Marruecos. Una actividad que, contrariamente a los coches dedicados al tráfico de mercancías, no bloquea fronteras ni es motivo de retenciones. El viejo tráfico de medicamentos entre Ceuta y Marruecos siempre supo mantener una gran calidad en cuanto a discreción y saber hacer.

La ingente cantidad de ciudadanos marroquíes que visitan la ciudad autónoma de Ceuta no solo tienen como objetivo adquirir productos alimenticios en las grandes superficies de la ciudad, o bien prendas de vestir u otras de índole parecida, también está la intención de comprar medicamentos  en Ceuta, mucho más baratos que en su país.

460x345El Coralam o Procoralam (en España) es un medicamento para el corazón que sirve para tratar  la angina de pecho estable que causa dolor de pecho. Se utiliza en pacientes adultos que no toleran o no pueden tomar medicamentos para el corazón llamados beta-bloqueantes.  Como puede verse, en Marruecos el precio de la caja de 28 comprimidos es de 378 dírhams, unos 35 euros al cambio. En España el precio de la caja de 56 comprimidos (el doble) es de 29 euros, unos 334 dírhams al cambio. Es decir, si los pacientes marroquíes tuviesen que comprar en Marruecos la caja de 56 unidades les costaría 756 dírhams, unos 70 euros. En Ceuta, en cambio, la compran a 29 euros. Es decir, comprando una caja en Ceuta se ahorran 41 euros.

neurontin okEl Neurontin  pertenece a un grupo de medicamentos que se utilizan para tratar la epilepsia y el dolor neuropático periférico (dolor crónico causado por daños en los nervios). El precio en Marruecos es de 308 dírhams, unos 28 euros al cambio. Su precio en España es de 8 euros. Hay una diferencia de 20 euros en cada caja de 90 comprimidos.

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Más abajo una factura de una farmacia radicada en Ceuta. Se puede observar el precio en Ceuta ( 1, 70€) de la Simvastatina, un medicamento muy usado para reducir la cantidad de sustancias grasosas como colesterol de lipoproteínas de baja densidad (LDL) ("colesterol malo") y triglicéridos en la sangre y para aumentar la cantidad de colesterol de lipoproteínas de alta densidad (HDL) ("colesterol bueno"). En Marruecos es de 90 dírham, unos 8, 50 euros. Una diferencia cercana a los 7 euros.

También en la Budesónida, un medicamento para las vías respiratorias, la diferencia es notable. En Ceuta 8,12 euros; en Marruecos 180 dírhams, unos 16,50 euros. Es decir, el doble.

Y así un largo listado de medicamentos imposibles de conseguir en Marruecos para las clases más humildes, salvo que visiten Ceuta y puedan adquirirlos a precios mucho más bajos.

Guardar una cola de 4 y 5 horas para poder entrar en Ceuta sólo puede justificarse por fuertes motivos, pues comprar producto alimenticio y otros de ropa, no parecen suficientes argumentos para resistir una espera que muchas veces se hace insoportable, máxime teniendo en cuenta que en Marruecos ya existe una oferta en ropa de moda bastante importante y que está bien de precio.

La alimentación es uno de los motivos más sólidos para resistir esas colas; sin embargo, no es el único ni  el más importante. En todas las esperas y en todas las visitas de ciudadanos marroquíes a Ceuta existe un componente relacionado con la salud.

Los logros electorales del PP en Ceuta durante los últimos 20 años, así como de otros partidos de corte centro-derecha, tuvo como uno de sus máximos exponentes transmitir miedo de Marruecos, cosa que muchas veces hacían de forma abierta, así como que otras utilizaban la estrategia de reivindicar la españolidad de la ciudad de forma reiterada y permanente.  Todo ello  en un intento de hacer creer que la españolidad de Ceuta estaba en juego.

La salud de cientos de miles de ciudadanos marroquíes siempre ha jugado un papel muy importante a la hora de medir hasta qué punto incomoda a la sociedad marroquí la presencia de España en el norte de África. Ya no sólo la salud, sino también el asunto de la alimentación, carnes y sus derivados, droguería, textiles, ropa deportiva, moda, servicios bancarios y de correos, así como un sinfín de servicios que la ciudad ofrece a los ciudadanos marroquíes, todos ellos a precios mucho más bajos que  los ofertados en su país. Esta realidad tiene un impacto directo en la percepción de los ciudadanos marroquíes respecto a Ceuta y Melilla, considerándolas “ciudades necesarias y útiles para todos los marroquíes”, por lo que la percepción última es la  aceptación de su naturaleza española, así como que existe en el común colectivo un alto grado de afectividad hacia ambas ciudades. Y todo ello porque ambas ciudades contribuyen con los ciudadanos marroquíes a luchar contra las insaciables fauces de la carestía de la vida.

Diabéticos, personas con problemas de tensión arterial,  corazón, vías respiratorias, así como innumerables dolencias, encuentran en Ceuta un paraíso a la hora de adquirir sus medicamentos, o como bien la definió un enfermo de diabetes, que llegó a nombrarla como ‘Sebta es puerta de misericordia’.

La salud de los marroquíes es, pues uno de los más grandes aliados del carácter español de la ciudad. Sin duda, mucho más fuerte que lo que pueda decir al respecto PP, Vox y todos los que conforman el arco político de la ciudad.

Las diferencias de precio entre Ceuta y Marruecos son realmente abismales. Las críticas en las redes sociales marroquíes son constantes a la hora de mostrar comparativas entre los precios que se ofrecen en Ceuta y Melilla y los existentes en Marruecos, un país en el que no existen políticas sociales que tengan como objetivo paliar las enormes deficiencias en salud y protección a la familia. A magnificar los precios al alza también contribuye un IVA del 7%, muy alejado del que se aplica en muchos países europeos, en torno al 4%.  La figura de la Familia Numerosa no existe. Tampoco la del Trabajador social, como que tampoco se vislumbran programas que tengan como objetivo ayudar a los más desfavorecidos.

Los trabajadores que gozan de alta en la imberbe Seguridad Social marroquí tienen un 70% de bonificación a la hora de adquirir medicamentos, que le son reintegrados a los 30/40 días una vez presentadas las facturas correspondientes y previa cumplimentación de una serie de formularios y, como dice un afectado: “muchas veces preferimos dejarlo por las largas colas”.

Pero no todo el mundo puede hacer uso de esa bonificación, por lo que las únicas opciones son “pasar por el embudo” de las farmacéuticas marroquíes o bien cruzar hasta Ceuta o Melilla, o bien hacer uso de aquellos intermediarios que conforman brigadas dedicadas a transportar desde las dos ciudades españolas los medicamentos de más necesidad y de mayor rotación. No queda otra.

Ceuta y Melilla se instalaron en el subconsciente de los marroquíes como puntos piadosos, algo que consiguió gracias a sus peculiaridades fiscales y comerciales, así como a sus políticas sociales. Todo ello conseguido a pulso, sin necesidad de recurrir a políticos de cabeza caliente.

Ceuta tiene en una gran parte de los ciudadanos marroquíes una de sus mejores defensas.

La salud como garante de españolidad
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