lunes 30/11/20
UNO DE MUHARRAM MARCARÁ EL INICIO DEL NUEVO AÑO HIJRI 1442

El nuevo año musulmán se iniciará el viernes 21

* Breve historia del comienzo del calendario musulmán

* Los coraichitas (tribu de Curaich, residentes Meca) se ponen de acuerdo: la única solución razonable para terminar de una vez con el Islam consiste en acabar con el Profeta (sws)...

Mezquita del Profeta (sws). Medina
Mezquita del Profeta (sws). Medina

La Héjira, año 620, comienzo del calendario musulmán

Los coraichitas (tribu de curaich, residentes Meca) se ponen de acuerdo: la única solución razonable para terminar de una vez con el Islam consiste en acabar con el Profeta (sws).

Para la sociedad coraichita, el asesinato en sí mismo no era un hecho grave desde el punto de vista moral, religioso y humano. Para ellos la vida de un hombre era exclusivamente un bien material.

Si se suprimía a un hombre, podía ser remplazado por camellos, corderos, dinero, o por otro hombre. No se conocía aún el pecado de homicidio. A este respecto, el asesinato del Profeta (sws) no presentaba desventaja alguna. Su vida pertenecía al clan de Abd-al-Muttalib. El jefe de ese clan es Abu-Lahab, quien había excluido al Profeta (sws) del clan, por falta grave contra los antepasados. Por lo tanto, Abu-Lahab no pedirá reparaciones a los asesinos, por la vida del Profeta (sws).  Al contrario, tomará parte en el asesinato de su sobrino.

Planteado así el problema, la muerte del Profeta (sws) no podía traer consigo inconveniente alguno. Desde el momento que la familia no exige reparaciones en caso de muerte, es que la vida del Profeta (sws) no tenía valor alguno. No costaba nada.

El proyecto de asesinato del Profeta (sws) es adoptado por unanimidad. Incluso lo aprueban familias que se consideraban amigas del Profeta (sws).

Los coraichitas son comerciantes y, por lo tanto, gente  prudente. Saben que, por el momento, no suscitarán complicación alguna, ni se exponen a represalias si matan al Profeta (sws). Pero procuran también que esa muerte no tenga malas consecuencias en el porvenir.

Andando el tiempo, otro individuo del clan Abd-al-Muttalib puede substituir a Abu-Lahab en la dirección, y el nuevo jefe podría exigir a los asesinos el precio de la sangre, por la vida del Profeta (sws). Para ponerse al abrigo de cualquier exigencia futura, exigencia que puede surgir en diez, cien o más años, y que sería una fuente de disgustos para los descendientes de los asesinos, se decide que el grupo de encargados de dar muerte al Profeta (sws) estará formado por representantes de todas las familias coraichitas, de todas las tribus asociadas y de todas las categorías de clientes y aliados. De ese modo, el número de asesinos que eventualmente habría de rendir cuentas, sería tan elevado como para desanimar cualquier veleidad de reclamación en el futuro.

Urden el plan en silencio. Es necesario que la muerte del Profeta (sws) sea en cierta manera “ánónima”. El asesinato debe realizarse como un linchamiento.

Puestos de acuerdo acerca de esa cuestión, los negociantes coraichitas hacen la lista de las personas que participarán en el asesinato. No debe olvidarse a nadie. Porque nadie debe quedar inocente de esa muerte. y el número de culpables debe ser lo más elevado posible. La culpabilidad en materia de asesinato crece en razón inversamente proporcional al número de asesinos. Cuando el plan queda bien dispuesto en todos sus detalles, se decide ejecutarlo con toda urgencia.

Los coraichitas, aunque invencibles en materia de comercio, pues eran meticulosos y prudentes, cometen un error: olvidan que el Profeta (sws) es el enviado de Allah. A causa de ese error, el plan de asesinato del Profeta (sws) fracasa. No tener en cuenta a Allah será un olvido fatal para los asesinos.

Y Allah decide salvar al Profeta (sws).

man-and-animal-1708618_640Una tía del Profeta (sws), llamada Ruqayab-bint-Abi-Saifi-ibn-Hachim, casada con un hombre de la tribu Zuhrah, tiene noticias de que los coraichitas han decidido la muerte del Profeta (sws) para la noche siguiente, por obra de un grupo de asesinos pertenecientes a todos los clanes. Acude a anunciárselo al Profeta (sws)

El Profeta (sws) se lo esperaba, sin duda alguna. Pero ignoraba que su muerte estuviera tan próxima. Cada vez que se hallan ante la muerte, los hombres quedan sorprendidos: siempre les parece demasiado pronto. El Profeta (sws) solo cuenta con una persona que puede ayudarle en aquel momento de locura: Abu-Bakr. Pero el Profeta (sws) también tiene a Allah de su lado. Ruega a Dios y abandona la casa, ocultándose para acudir a Abu-Bakr.

Abu-Bakr, el comerciante ponderado y prudente, que posee el hilm de los hombres de La Meca, la flema árabe, se esperaba la visita del Profeta (sws). Lo ha preparado todo - en sus mínimos detalles - para una huida. Ha comprado dos camellos blancos, es decir, lo más rápido que hay en el desierto; y esos dos camellos, escondidos a la entrada de La Meca, en un ramblazo están dispuestos para la marcha. Abu-Bakr convence al Profeta (sws) para que  no regrese a su casa. Lo conduce a una cueva del monte Thaur.

Ali es llamado para recibir las últimas instrucciones del Profeta (sws). Para burlar la vigilancia de los guardias que rodean la casa del Profeta (sws), Alí se pondrá la capa del Profeta (sws) y permanecerá en la casa, cerca de la ventana, para hacer creer a los coraichitas que el Profeta (SWS) sigue allí. Debe permanecer todo aquel tiempo junto a la ventana, de espaldas a la calle. Por la noche, Alí dormirá en la cama del Profeta (sws).

Alí ejecuta todas las órdenes. Durante toda la jornada, los ciudadanos de La Meca, que preparan la muerte del Profeta (sws), gozan con saber que el Mensajero de Allah (sws) está allí, en su casa, ajeno a lo que se trama. Así pues, creen que podrán matarlo en su lecho sin mayores complicaciones.

Entre tanto, Abu-Bakr y el Profeta (sws) organizan la huida. Son ayudados por dos personas: un esclavo libertado de Abu-Bakr, llamado Abdallah-ibn-Arqath, y un guía llamado Amir-ben-Fuhayrah.

Al crepúsculo, y para mayor seguridad, Abu-Bakr y el Profeta (sws) dejan a sus dos ayudantes con los camellos y los bagajes, y parten solos, a pie, a ocultarse en una cueva, lo más lejos posible de La Meca.

Al día siguiente al amanecer, cuando sea descubierta la huida del Profeta (sws), los coraichitas organizarán batidas enormes en todo el desierto, para descubrirle y capturarle. El Profeta (sws) y Abu-Bakr permanecerán ocultos durante todo el tiempo que duren las búsquedas. Varios días después, Arqath y Amir se reunirán con ellos llevando los camellos y bagajes. Y entonces partirán para Medina.

Tal es el plan. Mahoma y Abu-Bakr se van a pie. Caminan casi toda la noche. Quieren alejarse lo más posible de La Meca.

El camino es largo, de muchos kilómetros. Hacia el Norte, el terreno, muy accidentado, está cubierto de piedras. El Profeta (sws) tiene los pies bañados en sangre.

El Profeta (sws) Está preocupado. Se siente como un hombre encargado de anunciar y advertir. Un mortal y un apóstol.

Sabe que Dios le ha salvado. Dios no ha querido que su Profeta (sws) muera. Ha enviado a Ruqayah para advertirle que los coraichitas van a matarlo durante la noche. El Corán habla así de este aviso: “Cuando los incrédulos usaban astucias contigo para retenerte prisionero y darte muerte, se manifestaban muy astutos; pero Allah lo era más: porque Allah es el mejor de los astutos”.

El Profeta (sws) está, por supuesto, muy halagado de que Allah le haya salvado de la muerte haciéndole anunciar por medio de Ruqayah que debe huir de noche de aquella casa en que iba a ser asesinado.

Pero sufre. Las únicas raíces de la sociedad árabe, gracias a las cuales los árabes han podido mantenerse sobre la tierra, residen en el qwaw, la tribu. Es el árbol genealógico. Los antepasados. El qwaw es para ellos lo que la tierra para el campesino.

Los antepasados y el clan son para el nómada la tarjeta de identidad, la tarjeta de visita, la herencia, el único bien terrestre y el único modelo. El Profeta (sws) abrió una brecha en el clan. Con su mensaje abate el árbol que mantiene al pueblo árabe sobre la tierra. Porque, sin el árbol genealógico, la vida de los árabes no sería posible entre los dos desiertos infinitos, el que se extiende bajo sus pies, de arena ardiente, y el que se extiende sobre sus cabezas, ese cielo de fuego color ópalo. Ahora, (en esos momentos) abandona el clan para vivir en una comunidad según la fe, Al Ummah, la Comunidad del Islam.

En su calidad de árabe, eso le resulta difícil. Tal vez sea la cosa más difícil que Dios le haya pedido. Pero los que se encuentran con Dios deben sacrificarse.

Dios envió al Profeta (sws) a Yibril (el ángel Gabriel). El Profeta (sws) debe hacer lo que el ángel le ordena. El ángel es su huésped. y un huésped es sagrado. El poeta árabe dice: «Partiría mi cuerpo para dar de comer al huésped y me contentaría con agua pura».

Dar es un gran placer para los árabes. Dan hasta su vida. Esta vez, el Profeta (sws) sacrifica, efectivamente, al cielo, el árbol de carne y sangre de su clan. Para siempre. Es más doloroso que sacrificar su propio cuerpo: Porque el árbol genealógico es el único que crece, resiste y protege al hombre en el paralelogramo desierto de los árabes donde, en una extensión de tres millones de kilómetros cuadrados. no crecen otros árboles. El árbol genealógico es el único bien concreto y estable del desierto.

El Profeta (sws)  avanza al lado de Abu-Bakr, que tiene tres años más que él, pero camina con más facilidad, porque no está aplastado por el peso de los pensamientos y responsabilidades que lleva consigo el Profeta (sws). Entre tanto, surgen los primeros resplandores de la aurora. Ambos fugitivos buscan una gruta en que ocultarse, durante esa jornada que ahora empieza.

En La Meca, los asesinos penetran en la casa del Profeta (sws), con sus cuchillos dispuestos al crimen. Se lanzan sobre el lecho del Profeta (sws9, prestos a herir. Pero de aquel lecho, vestido con la burda, la capa del Profeta (sws), se levanta Alí. Los asesinos le molestan. Buscan por toda la casa, lo destrozan todo. Por último, comprenden que han sido burlados. El Profeta (sws) no está en la casa.

Organizan inmediatamente la persecución. Nunca La Meca había perseguido a alguien con tantos medios como persiguió en esos momentos al Profeta (sws).

Por el momento, los coraichitas despachan a los munadi y muazin - es decir, pregoneros públicos- para anunciar por todas las calles de la ciudad que, aquel que indique el lugar en que se halla el Profeta (sws9 recibirá en recompensa cien camellos. Se ha puesto precio a la cabeza del Profeta (sws).

LA CUEVA DE LAS SERPIENTES

Al llegar a la caverna, el fiel Abu-Bakr entró el primero, barrió el suelo y desgarró su túnica interior para cerrar los agujeros, por temor a las serpientes. Después, llamó al Profeta (sws).

Abu-Bakr, el de más edad y el más rico, hace estos servicios como si el Profeta (sws) fuera un príncipe. Entre los suyos, el Profeta (sws) gozaba de una autoridad excepcional. Por lo demás, absolutamente merecida. Es un hombre elegido por Dios, lo que lo eleva por encima de la condición humana. Está marcado, como el rostro de Moisés lo estaba por las manchas de luz, semejantes a las quemaduras que producen los rayos.

Tras haber preparado el lecho del Profeta (sws), Abu-Bakr le invita a entrar y descansar. Los pies del profeta sangran. Está rendido.

«Hallándose fatigado el profeta, puso su cabeza sobre las rodillas de Abu-Bakr y se durmió».

Al día siguiente, las búsquedas comienzan y se desarrollan. El desierto en torno a La Meca hormiguea de rastreadores que buscan al Profeta (sws). Toda la ciudad se ha movilizado para atrapar al Profeta (sws), vivo o muerto. Se da la alarma a las tribus de beduinos. Todos saben que quien le encuentre recibirá en recompensa cien camellos.

Abu-Bakr y el Profeta (sws) duermen, sin sospechar que sus perseguidores han pasado cien veces ante la gruta en que se esconden.

En realidad, los coraichitas no tienen oportunidad alguna de descubrir al Profeta (sws). Han movilizado a cientos de hombres y de rápidos camellos para explorar los caminos del desierto, las cuevas y desfiladeros. Cuentan únicamente con su número, su fuerza y su habilidad. Pero ignoran algo muy importante: tienen que luchar también con Dios.

Dios, una vez más, ha salvado al Profeta (sws). Cuando el primer grupo de perseguidores llega ante la gruta, el Señor envía unas arañas que tejen su tela apresuradamente ante la entrada de la caverna. Al ver intacta la tela de araña, los hombres que buscan al Profeta (sws), pasan de largo, persuadidos de que hace tiempo que nadie ha entrado en aquella cueva.

El segundo grupo que llega al lugar intenta entrar en la gruta, pero Dios envía un pájaro que hace su nido y pone sus huevos en el mismo umbral. y de nuevo los perseguidores siguen su camino.

Cuando despierta, Abu-Bakr está deprimido. La fatiga, la huida, el hambre, todo pesa sobre él. El Profeta (sws) anima a su compañero y le aconseja que no se deje abatir. No son dos; son tres, puesto que Dios está con ellos. El Corán dice:

Su brazo protegió al Profeta (sws)cuando los infieles le perseguían. Su compañero (Abu-Bakr) le ayudó, cuando el Profeta y él se refugiaron en la caverna. El Profeta (sws) le dijo: «No te aflijas. Allah está con nosotros». El cielo envió la tranquilidad y una escolta de ángeles, invisibles a sus ojos.

En el momento de salir de la cueva de las serpientes, el Profeta (sws) y Abu-Bakr ven la tela de araña, el nido y los huevos de pájaro y las piedras que han obstruido la entrada. Ahora están convencidos. Dios los protege. Y eso redobla su fe. El Profeta (sws) y su compañero pasan tres días en aquella cueva. La última vez que los perseguidores pasan junto a ellos, un árbol crece ante la entrada de la gruta. Es el supremo milagro.

Las búsquedas cesan a los tres días. Los coraichitas renuncian a encontrar al Profeta (sws). El guía Amir-ibn-Fuhairah y el esclavo manumitido Arqath llegan con los camellos y las provisiones. Los fugitivos toman el camino de Medina.

El Profeta (sws) y Abu-Bakr siguen su camino hacia Medina. Al cabo de cierto tiempo, los fugitivos no tienen agua ni alimentos. Los rodeos que se ven obligados a hacer son bastantes más de lo previsto. Llegan a un campamento de nómadas. No encuentran más que a una vieja mujer, Umm Mabad. Intenta ofrecerles algo de comida, pero no posee nada.

No tiene más que una vieja cabra estéril. El Profeta (sws) le dice que trate de ordeñarla; tal vez tenga leche. Escéptica, la vieja va a ordeñar la cabra. Y ésta da la leche suficiente para apagar la sed y calmar el hambre, no sólo de los cuatro hombres, sino también de la anciana. Es uno de los milagros con que Dios favorece al Profeta (sws)de vez en cuando.

Poco tiempo después ocurre un segundo milagro. En el camino de los fugitivos surge una caravana de Siria. Se trata de amigos y parientes del Profeta (sws). Y llevan precisamente lo que falta a los fugitivos: alimentos y vestidos. El Profeta (sws) se equipa con

vestidos nuevos de pies a cabeza. Tal y como conviene ir vestido a un Profeta (sws), que debe ser recibido en medio de gran pompa por cientos de fieles. Porque los caravaneros, al dar a los fugitivos vestidos y alimentos, les anuncian que toda la población de  Medina les espera y  prepara un recibimiento triunfal, como a un verdadero enviado de Dios a la tierra árabe.

Después de ese encuentro, que reanima el espíritu de los fugitivos, viajan con menos cuidado y vigilancia. El Profeta (sws) y sus compañeros son descubiertos y alcanzados por unos hombres armados hasta los dientes y que montan caballos. Se trata de miembros de la tribu Banu-Mudluj. Son aliados de los coraichitas.

Identifican al Profeta (sws). Lo quieren capturar para ganar la oferta de cien camellos. Tres veces el jefe de los Banu-Mudluj se acerca al galope a la caravana del Profeta (sws)  y por tres veces su caballo resbala y retrocede. Cuando por cuarta vez el caballo se niega a acercarse al Profeta (sws) el jinete que se llama Suraqah y será más tarde uno de los más célebres generales del Islam, siente miedo. Está persuadido de que es el mismo Dios quien impide al caballo acercarse a los fugitivos. Descabalga inmediatamente y pide perdón al Profeta (sws).

Suraqah confiesa que quería capturarlo para ganar los cien camellos ofrecidos por los coraichitas. Suraqah ofrece sus servicios al Profeta (sws). Es uno de los más célebres caballeros y guerreros del mundo árabe. y promete al Profeta (sws) rechazar a todos, los perseguidores.

“Haré que todos tus perseguidores retrocedan”.

Suraqah mantiene su palabra. Ninguno de los perseguidores procedentes de La Meca o de las tribus aliadas ha podido alcanzar a los fugitivos. Pero el peligro no ha desaparecido. Otros les esperan más allá, dispuestos a impedirles el paso. Entre ellos,

se encuentra una docena de hombres de la tribu Aslam, conducidos por su jefe Buraidah. Estos hombres atacan a la caravana de los fugitivos. El Profeta (sws) y sus compañeros no tienen otra oportunidad de escapar que una conferencia con su jefe.

El Profeta (sws) habla a quienes les han rodeado y que se aprestan a hacerlos prisioneros para entregarlos a los coraichitas, que los matarán.

Primero, los hombres de la tribu Aslam se burlan de la manera con que el Profeta (sws)trata de enternecerlos y de salvarse mediante los discursos. Pero cuando comienza a recitar los versículos del Coran, los perseguidores retroceden. Inmediatamente piden gracia. Caen de rodillas y solicitan su admisión en el Islam.

La tribu Aslam se hará musulmana en su totalidad, gracias a aquel encuentro. Constituirá la fuerza de base del ejército musulmán. Antes de morir, el Profeta (sws) afirmará que ama a los hombres de la tribu Aslam tanto como a los ansares ya los mohadjirun.

«Los que me son más queridos son los mohadjirun, los ansares, los ghifar y los aslam». Los ghifar son los vecinos de los aslam. bandoleros convertidos. Por esta razón, Mahoma ha dicho, con un juego de palabras: «Aslam salamaha'illah, ghifar ghafaraha'illah», “Dios salve a los aslam, Dios perdone a los ghifar”.

Más adelante, otro jefe aslamita, encontrándose con el Profeta (sws), le ofrece alimentos y agua y le regala los servicios de un guía que le llevará hasta Medina. Este segundo aslamita se llama Aus-ibn-Rajar.

Un guía, en el desierto, no es sólo un hombre que muestra el camino. Un guía es un salvoconducto y un pasaporte, más una seguridad total contra los ataques y los robos, contra la falta de alimento y de agua. Un guía, en el desierto, es una seguridad contra todos los riesgos. Es un pasaporte vivo. Se llama en árabe rafik, palabra que significa textualmente: «El hombre que cabalga detrás de ti, a la grupa de un camello». A lo lejos, ese guía apostrofa a los viajeros y les explica quién es, quiénes son las personas que le han enviado. A la voz de este hombre, el camino se abre como en las fábulas.

Llegado al límite de los aslamitas, Mas'ud regresa con los suyos. El Profeta (sws) , Abu-Bakr y los dos hombres que los acompañan, prosiguen solos el camino.

Es el año 620. Los cuatro fugitivos atraviesan la localidad de Thaniyat-al-Wada, próxima a la ciudad de Yatrib (Medina).

El Profeta (sws) entra en la localidad de Quba, al sur de Medina, a mediodía, «estando el sol en su zenit». Desde hacía varios días, la población le esperaba febril, deseosa de dedicarle un recibimiento triunfal.

A mediodía, cuando el sol ardiente cae vertical, las gentes vuelven a sus casas. Nadie queda en las calles. Por lo tanto, el Profeta (sws)entra en Quba, arrabal de Medina. Hombres, niños, mujeres, salen como una tromba a la calle. Todo ser con un soplo de vida quiere recibir y ver al profeta enviado por Dios a los árabes.

El Profeta (sws), acompañado por Abu-Bakr se instala bajo una palmera datilera. La muchedumbre de curiosos que los rodea y aclama no sabe a ciencia cierta cuál de los dos es el Profeta (sws).

Para evitar confusiones, discretamente y con elegancia, Abu-Bakr se quita su capa, se coloca detrás del Profeta (sws) y hace una especie de toldo con su vestido, para cobijarlo. Ante aquella manifestación de respeto y adoración, las gentes comprenden quién es el Profeta (sws) y quién el compañero, y los aclaman.

En el mes de septiembre del año 620, el Profeta (sws) llega al oasis en que se halla situada la ciudad de Medina, el calendario musulmán no comienza en el mes de septiembre, sino el 6 de julio del año 620, fecha en la que inició su exilio. Los musulmanes contarán en adelante sus años a partir de esa fecha. Como los cristianos los cuentan desde el nacimiento de Cristo. Porque la Héjira es el comienzo de una era para el Islam, para aquellos que se abandonan a la voluntad divina. Es la Héjira, el comienzo del calendario musulmán.

FELIZ 1442

 
 

El nuevo año musulmán se iniciará el viernes 21
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