miércoles 21/10/20
AGAR Y EID AL ADHA

Eid al Adha - Grandes historias, grandes mujeres

* Redacción - En recuerdo de Agar

* Sin grandes mujeres no se hacen grandes historias. Aunque se solapen, bastará con hurgar un poco en las historias de grandes hombres para encontrar que alguna mujer intervino para que esa historia fuera grande y quedara de ejemplo y recuerdo

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Sin grandes mujeres no se hacen grandes historias. Aunque se solapen, bastará con hurgar un poco en las historias de grandes hombres para encontrar que alguna mujer intervino para que esa historia fuera grande y quedara de ejemplo y recuerdo.

Mañana se celebra Eid al Adha, la celebración más importante del Islam, no más querida que otras, pero sí que marca un punto de inflexión importante en cada musulmán por todo lo que encierra.

Algunas religiones se fundamentan en el amor; otras en la esperanza; el Islam, en cambio hunde sus raíces en la fe inquebrantable en Allah, subhana ua ta3ala.

La palabra Allah se traduce como Dios, sin embargo, en la lengua árabe, su significado va más allá. Allah es la palabra más excelsa de la lengua árabe, es la única que tiene dos “lam” (L) seguidos y con su escritura y pronunciación se intenta nombrar a Quien no puede ser descrito, a Quien todo lo puede, a Quien no seduce el sueño ni la somnolencia, a Quien no es ajeno a lo que sucede en los cielos ni en la Tierra, a Quien es Único. Él es Allah, Él es Dios. Y con esas dos palabras intentamos acercarnos a Quien

conoce lo que guardan los corazones de todos los hombres y mujeres. Nada le es indiferente y nada escapa a su conocimiento.

Una de las muchas cosas que Allah nos regaló es la capacidad de creer en Él, eso que llamamos fe. Un sentimiento que mezcla amor, convencimiento, ilusión y tantas otras cosas y que nos ayuda a entender y comprender cosas que resultarían muy difíciles de aceptar sino contásemos con esos arreos espirituales.

Tagore decía: “Nada de lo que he visto puede ser mejor”. Cierto, pero Tagore se refiere únicamente a lo que vio, pues las descripciones que se hacen en el Corán sobre el Paraíso dibujan un panorama que puede dejar anonadada a la mente humana más capaz, pues la belleza de lo que se cuenta supera a toda la suma de la imaginación que podamos reunir desde que el hombre existe.

Alcanzar sitios tan sublimes, tan extraordinarios, tan solo es posible con la Misericordia de Allah, sin embargo, a la hora de pedir tan extraordinario regalo, mejor y más fácil resultará conseguirlo si presentamos méritos, y la justificación que más puede pesar en nuestro favor es la calidad de nuestra fe. Y en eso, Ibrahím (Abraham), la paz sea con él, nos dio una lección que perdurará hasta el fin de los días.

Y no sólo Ibrahím nos dio lecciones, también su hijo Ismail (Ismael), la paz sea con él, pero hoy también   queremos recordar a su madre, Agar, a quien la historia rara vez hace mención cuando intenta describir una historia de fe inquebrantable, como es la historia de Ibrahím, de Ismail y de Agar, la paz sea con ellos.

Mañana viernes cerca de dos mil millones de musulmanes celebrarán el Eid Al Adha, una de las festividades religiosas más queridas y esperadas.

Hablar de este día es rememorar un acontecimiento de gran valor espiritual; la enorme confianza que tuvo un hombre sencillo en Allah (swt) hasta el extremo de aceptar sacrificar lo que más quería en este mundo, a su hijo Ismail “aquel al que Dios escucha”, la paz sea con ambos.

Cualquiera que nos pregunte se encontrará con la respuesta de que la historia tuvo dos protagonistas, quizá tres si contamos al becerro. Mas no es justo olvidarnos de uno más, mejor dicho, de una más, de una figura sumamente trascendental en esta historia que desgraciadamente ha sido olvidada en las movedizas arenas del pasado.

No es posible concebir que nuestro amado Profeta Ibrahim, la paz sea con él, decidiera por sí solo sacrificar a su hijo sin consultarlo con la madre de éste.

El vínculo afectivo entre dos personas se basa en el amor, la confianza y el respeto. Ibrahim, la paz sea con él, no tuvo una relación de concubinato sin más con Agar. Ella era la madre del hijo deseado y amado de Ibrahim.  

Conocidas son las largas ausencias de Ibrahim (la paz sea con él) de Meca, lugar donde vivió Ismail con su madre desde su más tierna infancia. Tras la partida de su padre, Ismail quedó bajo el amparo de Allah, y la historia guarda aquella despedida cuando ella le dice: “me dejas sola”, a lo que Ibrahím respondió: “te dejo con Allah”.

Contra toda corriente que pretende difuminar su figura, Agar no fue una simple incubadora de un bebé, abandonada y dejada a su suerte en medio del inclemente desierto.  De hecho, Ismail fue criado y educado por Agar, con estancias temporales de su padre. La respuesta de Ismail cuando su padre le expuso su sueño fue muy clara: “Oh padre mío! Haz lo que se te ordena, ¡hallarás que soy, si Dios quiere, paciente en la adversidad!”  (Sura As- Saffat 37, 102) manifestando, a su corta edad, una actitud de entrega total, sin condiciones, dudas ni preguntas a la voluntad de Allah (swt), poniendo de manifiesto una sensible y delicada formación espiritual, una relación directa e innata con su Creador, una muestra clara de fe inquebrantable. 

Sin duda, Ismail recibió esa enseñanza de su madre, quien le mostró con amor, la grandeza y rahma (misericordia) de su Creador, así como la naturalidad de reconocerlo, sentirlo cerca y agradecerle.   Agar representa a las mujeres que se saben y reconocen criaturas de Allah, conscientes de su presencia, poder y generosidad.

Agar, la madre que sin duda también sabría de la petición de Allah hacia Ibrahim y la respaldaría.  Ibrahim, Agar e Ismail aceptarían la prueba de Allah como una muestra de la relación directa que mantenían con la divinidad alcanzando un grado de intensidad insuperable: sacrificad a vuestro hijo querido, por Allah. La respuesta de Ismail, la paz sea con él, no hubiera sido posible sin una figura de referencia próxima, coherente y ejemplar en su amor por Allah, su madre.

Así que, cuando celebremos nuestra fiesta grande, recordemos y aprendamos de Agar, esa mujer que supo guiar a su hijo en la presencia constante de Allah.

Agar  moldeó el carácter y  personalidad de Ismail para que, llegado el momento, éste pudiera responder lo que respondió ante el sueño de Ibrahim Facilitó la apertura de su corazón. El lado femenino, cariñoso, afable, cercano, acogedor, de escucha...Un profeta no se hace solo.

Tal vez porque Allah conoce cuan olvidadizos son los hombres, quiso perpetuar el recuerdo de Agar estableciendo como acto ritual obligatorio en la peregrinación las carreras de Agar entre Safa y Marwa.

Y todo para que no se olvide a una mujer extraordinaria.

Una gran historia, una gran mujer.

Feliz Eid al Adha

 
 

Eid al Adha - Grandes historias, grandes mujeres
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