domingo 08.12.2019
POR SUS MÉRITOS Y CAPACIDAD

España vuelve a condecorar a Hammouchi

* Abdelatif Hammouchi recibe la Gran Cruz de la Orden al Mérito de la Guardia Civil

 
 
Abdelatif Hammouchi
Abdelatif Hammouchi

El Gobierno español ha otorgado a Abdellatif Hammouchi, Director General de Seguridad Nacional (DGS) y Director General de Vigilancia del Territorio (DGST, servicio de contraespionaje interior),y al Teniente General y Comandante en Jefe de la Gendarmería Real, Mohammed Haramou, la Gran Cruz de la Orden al Mérito de la Guardia Civil.

El Consejo de Ministros aprobó esta distinción a propuesta del Ministro del Interior en funciones, Fernando Grande-Marlaska. La Gran Cruz de la Orden del Mérito de la Guardia Civil es la más alta condecoración de esta institución.

España reconoció méritos a   Abdellatif Hammouchi   El 22 de octubre de 2014, con la "Cruz de Honor del Mérito Policial con Distinción Roja", uno de los más altos honores otorgados a personalidades extranjeras.

Un hombre dedicado a su trabajo

Hammouchi imprimió a la Policía marroquí nuevos parámetros a la hora de relacionarse con la sociedad a la que sirve, inculcando “cierto grado de respeto” hacia la ciudadanía, un trato hasta entonces desconocido.

Aún le queda mucho por hacer, pues no todos han respondido con diligencia a los nuevos tiempos y a los nuevos “procedimientos” que Hammouchi busca aplicar:  una Policía al servicio de los ciudadanos y no lo contrario.

El nivel de la Policía marroquí en ese aspecto ha subido muchos enteros en los últimos años, pero aún queda mucho por recorrer, pues aún asoman vestigios de oscurantismo que vienen a recordar aquellos tiempos duros en los que todo se arreglaba con golpes y férreas condenas. Tal vez,  uno de los grandes retos de Hammouchi consista en hacer desaparecer “del todo” el estigma que aún pervive, aunque en menor medida, cierto es decirlo, en la sociedad marroquí cada vez que se habla de la policía y de sus atribuciones.

A Hammouchi hay que agradecerle ese acercamiento de la Policía a la sociedad civil, así como otros relativos a su seguridad, razón por la cual algunos gobiernos extranjeros, entre ellos España, han decidido reconocer sus méritos por su incansable lucha ante el crimen organizado, muy al alza en algunas ciudades marroquíes y, en especial, a la lucha sin cuartel que viene manteniendo contra la amenaza terrorista.

La Inteligencia marroquí siempre ha gozado de buena salud, pues siempre ha hecho gala de un funcionamiento propio de ese tipo de instituciones, en los que la prudencia y el silencio son determinantes para poder alcanzar objetivos.

En la dimensión de la amenaza terrorista Marruecos nunca lo ha tenido fácil, pues la región es convulsa y de fácil contagio frente a acciones y movimientos vecinos, por lo que no existe momento para bajar la guardia.

El entramado para mantener la seguridad es de unas dimensiones colosales, pues a un lado los “servicios exteriores”, los interiores alcanzan hasta a los más insignificantes actores de la sociedad marroquí: todo es susceptible de ser controlado, y para lograr ese fin no se escatiman esfuerzos. La red es inconmensurable.

En la historia de Hammouchi existen episodios que ennegrecen su brillante historial profesional. Uno de ellos se remonta a febrero de 2014, cuando un juez francés decidió procesar a Abdelatif Hammouchi, por su presunta “complicidad” en varios casos de tortura. La policía francesa se presentó en la residencia del embajador marroquí en París para entregar a Hammouchi una citación del juez de instrucción.

Hollande y el rey Mohamed VI intentaron reconducir la situación, pero no lo lograron, y el primer ministro marroquí, el islamista Abdelilah Benkirane, rompió la colaboración judicial con Francia.  Las relaciones diplomáticas ente Francia y Marruecos sufrieron un enorme desgaste por aquel incidente.

Otros casos

Otro incidente que dio que hablar fue la huelga de hambre que llevaron a cabo una veintena de franceses presos en cárceles marroquíes para pedir el traslado a su país de origen.

También un ciudadano marroquí residente en Francia, Zakaria Moumni, antiguo campeón de kick boxing, acusó a Abdelatif Hammouchi de ser responsable de las torturas que sufrió en su país de origen. Moumni provocó un conflicto diplomático entre Marruecos y Francia.

El excampeón de kick boxing asegura que fue “secuestrado” en 2010 en el aeropuerto de Rabat por agentes de la DGST y torturado durante cuatro días en un centro de detención en Temara, ciudad cercana a la capital marroquí. Fue condenado a 30 meses de cárcel por un delito de fraude. El excampeón fue indultado por el rey Mohamed VI en 2012. Dos años después decidió denunciar a Abdelatif Hammouchi. Las autoridades marroquíes contraatacaron denunciando a Moumni por calumnias y “chantaje” al Estado.

Otro caso que llamó la atención internacional fue el de Naâma Asfari, un militante saharaui que fue detenido en 2010 durante la revuelta que protagonizaron 20.000 saharauis en Gdeim Izik, un campamento de protesta levantado a las afueras de El Aaiún, en el Sáhara Occidental.

El militante saharaui denunció varias veces haber sido torturado por agentes de la policía y la gendarmería real marroquíes, sobre todo durante los primeros días de detención. El 16 de febrero de 2013, Asfari y otros 23 detenidos fueron condenados a largas penas de prisión por un tribunal militar marroquí. El activista fue condenado a 30 años de reclusión. En febrero de 2014, su abogado, Joseph Breham, puso una denuncia contra el Estado marroquí en Francia ante el Comité contra la Tortura de Naciones Unidas.

Una de las cosas que habrá que agradecer a Hammouchi es que fue el iniciador de un nuevo modelo policial, en el que destaca el esfuerzo en acercarlo a los ciudadanos, haciéndoles partícipes en cuanto a derechos y obligaciones.

España vuelve a condecorar a Hammouchi
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