lunes 16.09.2019
Disparos contra la mezquita de Muley al Mehdi

Violencia en las mezquitas de Ceuta

* Los hechos tuvieron minutos después de la llamada de la oración del alba, justo cuando los fieles se encontraban rezando

Impacto en la entrada Muley al Mehdi
Impacto en la entrada Muley al Mehdi

Todo indica que el momento estaba programado, pues no fue ni antes ni después, sino cuando el muecín terminó su llamada y los fieles allí congregados se dispusieron a cumplir con la primera oración del día, la del alba (fayr), para luego concluir con la de la mañana (subh), no más de diez minutos entre una y otra.

Es evidente que los que dispararon conocen los tiempos, pues entre que termina el muecín y se rezan las dos oraciones (alba y mañana) no transcurren más de 20 minutos. El ataque se produjo en ese intervalo de tiempo. El muecín llama a las 05:17. Los disparos se produjeron en torno a las 05:30, según vecinos que pudieron oír las detonaciones.

Los disparos impactaron sobre varios puntos de la fachada de la mezquita, algunos en su parte exterior, la que da a la calzada; otros, justo en uno de los pilares que franquean la entrada de cristal, ya en el interior del templo, a muy pocos centímetros de la puerta. Una pequeña desviación en el tiro habría entrado directo a la sala de oración.

Lejos de las esquirlas de ladrillo y hormigón, el objetivo principal no parece ser el herir o matar, sino mandar aviso a alguien. Una seria advertencia, en definitiva,  pero por qué esa mezquita y a quién?

Ciudad violenta

Las cosas en Ceuta no están nada bien. Los medios publican a diario acciones delictivas de marroquíes que entran a la ciudad con el único propósito de delinquir, sin dejar de lado el clima permanente de tensión que promueven los menores que deambulan por la ciudad y por las instalaciones portuarias, haciendo insoportable una situación que no deja de crecer y de producir desasosiego en la población, sin que hasta el momento las autoridades hayan podido conseguir reducir la percepción de inseguridad que se vive en la ciudad, a lo que hay que sumar la ya endémica situación de las armas de fuego, con disparos en distintos puntos de la ciudad.

Ahora le ha tocado a una mezquita. Un lugar, como también puede ser una iglesia o una sinagoga u otros lugares dedicados a la religión, sitios que deberían ser respetados por su naturaleza y nunca producirles daño bajo ningún motivo o concepto.

No es justo que quienes quieran ajustar cuentas, si las hubiere, utilicen los muros de un templo religioso para mandar sus recados y telegramas de advertencia.

Dicho esto, también es justo decir que en las mezquitas de Ceuta no existe el grado de serenidad que debiera, una condición sin la cual el ejercicio de la fe queda coartado y disminuido hasta extremos insospechados, así dotándole de superficialidad y falta de convencimiento consigo mismo. La serenidad, pues, es vital para que los fieles puedan desarrollar su fe y sus creencias de forma adecuada y sin sobresaltos.  Y para que todo eso suceda, el clima debe ser el apropiado y que  la seguridad esté garantizada. Sin embargo,  hasta ahora la atmósfera no era la más adecuada, a lo que ahora se suma la sensación de inseguridad que produce saber que han disparado sobre una mezquita con personas dentro.

Mucho tiene que ver en todo esto el responsable del Ministerio de Dotaciones y Asuntos Musulmanes con oficina en Rincón de Mdiq.  Este funcionario ha sido muy permisivo a la hora de permitir gerencias y toma de decisiones que a simple vista eran inapropiadas para la naturaleza de algunos templos destinados a la práctica de la fe.

Resulta absolutamente inaceptable y totalmente contradictorio que Marruecos administre, mantenga y conserve las mezquitas de Ceuta a distancia, prohibiendo, como hace, que el responsable de la zona visite la ciudad en calidad de lo que es.

El delegado del ministerio para las mezquitas de Ceuta ha mantenido cierta permisividad y apoyado decisiones que han conducido a situaciones límite, todo ello “de oídas”, dejándose llevar por  las opiniones de unos y de otros y sin que en ningún momento haya mostrado la suficiente valentía, aunque sea de incógnito, para visitar la ciudad y rozarse con la realidad de las mezquitas que administra, así comprobando in situ si lo que le dicen es verdad o bien le cuentan milongas para que siga durmiendo como viene haciendo desde que fue nombrado.

La realidad supera a la ficción. El ataque a la mezquita de Muley al Mehdi es un claro contratiempo para todos los musulmanes de Ceuta, un suceso serio que debería hacerles reaccionar y reclamar una mejor dirección desde Marruecos, ya no solo en cuanto a gestión y gestores, sino también en calidad de Islam, un Islam que fomente la tolerancia, la compresión mutua, el establecimiento de puentes entre pensamientos diferentes, que propague el respeto hacia todo tipo de recintos religiosos y, sobre todo, que abandone ese modelo de Islam basado en realizar oraciones a horas determinadas y sin acompañarlo de ningún tipo de pedagogía que tenga como fin hacer mejores personas y mejores los pueblos y ciudades en las  que conviven.

El Ministerio de Dotaciones y Asuntos Musulmanes, que siempre dio claros ejemplo de Islam tradicional y moderado, amigo de la modernidad y de todos los seres humanos, debería revisar su estrategia con Ceuta, ofreciéndole la posibilidad de contar con más recursos y con mayores favores, pues el medio en el que se mueven los musulmanes de esta ciudad es diferente al resto del país.

Este es un trabajo de todos. España también debería analizar lo sucedido y actuar en consecuencia, pues  no  basta destinar medios policiales para erradicar el crimen y detener a quienes producen violencia,  también hay que hacer uso de otro tipo de medidas que pueden coordinarse con los responsables marroquíes, de modo que el colectivo musulmán de Ceuta pueda vivir en paz y seguridad.

Violencia en las mezquitas de Ceuta
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