lunes 14.10.2019
Tuvo que llegar un 26A y que pasaran 18 años

Un "iftar” perverso

En  Marruecos se utiliza una frase que dice fina u falhait, que más o menos viene a ser "en nosotros y en la pared"...

 
 
Un "iftar” perverso

En  Marruecos se utiliza una frase que dice fina u falhait, que más o menos viene a ser "en nosotros y en la pared", una forma de expresar que cuando los palos no les alcanzan es porque van a la pared. Una forma de decir que todos los palos se los llevan ellos.

Algo parecido pasa con los musulmanes de Ceuta, pues nadie entiende que después de 18 años de paliza, ahora les inviten a un iftar que han llamado "institucional".  Parece una broma de mal gusto, pero no es nada de eso. Se trata de toda una estrategia para conseguir votos, un modo de recuperar los perdidos, una forma inmoral de convencer  a quienes siempre se ignoró.

Los musulmanes lucharon mucho por sus derechos civiles, no viéndolos reconocidos hasta los años ochenta.

Ya han pasado muchos años, y los musulmanes siguen concentrando las mayores tasas de pobreza, abandono y fracaso escolar, paro e infravivienda, todo ello concentrado en las barriadas periféricas, las más deprimidas y con menos equipamientos y servicios.

Está claro que la distribución de la riqueza nunca se realizó de forma equitativa, nunca se pensó en los musulmanes como ciudadanos normales; antes bien, siempre fueron considerados una carga y como un modelo social amenazante al que pocas oportunidades había que conceder.

Hoy, después de tantos años, los musulmanes siguen acaparando miseria y falta de fe en el futuro, y a ellos se vienen sumando cada vez más ciudadanos de confesión diferente, señal clara e inequívoca de que los políticos nunca hicieron bien su trabajo. Para muestra podríamos estar 18 años y no acabaríamos.

La idea del iftar institucional es un brindis al sol que debería avergonzar a más de uno, ya no solo a quienes lo promueven, sino también a aquellos dirigentes musulmanes que no sienten ni entienden nada de lo que sucede realmente, pero bien es sabido que el sonido del dinero tapa y oculta a muchos otros de esencia más tierna y honesta.

Hace unos días el diario El Confidencial publicaba un reportaje sobre Melilla bajo el título  Melilla, la ciudad más corrupta de España, www.elconfidencial.com/espana/2019-05-06/melilla-corrupcion-partido-popular_1975922/.  Un trabajo periodístico de primer orden realizado por los profesionales de porCausa.

Si después de leer eso los musulmanes y no musulmanes votan PP, será señal inequívoca de que la sociedad va contra sí misma, en especial los propios musulmanes, pues son, en definitiva, los que más pierden, y ya llevan haciéndolo muchos años.  Votar fasad (corrupción) es votar contra los valores más nobles del ser humano.

Lo de Melilla no es nada comparado con lo que puede salir de aquí, tiempo al tiempo, que los de porCausa ya están recopilando datos sobre lo que anida en el histórico de quien pretende mantenerse en el poder como si nada hubiera pasado. Al fin y al cabo son ciudades hermanas.

En cierto modo es bueno que entre Vox, pues sus formas y modales son lo suficientemente fuertes como para hacer parar un tren que lleva 18 años circulando sobre pobreza y miseria, mientras que ellos siguen en sus vagones de lujo y magníficos sueldos.

Resulta poco serio que el núcleo de los musulmanes se escandalice por lo que dice Vox, menos aun cuando hablan de “cerrar mezquitas” o de “voto marroquí”, afirmaciones sin sentido que demuestran la bisoñez de unos dirigentes a la hora de tratar asuntos que afectan a la mitad de los ciudadanos de Ceuta, así como que al lado hay más de 40 millones de musulmanes. 

El “fastidio” que han mostrado quienes se manifiestan como “fieles defensores de la tradición musulmana, de su cultura y de su fe”, incluso sirviéndose de las mezquitas para lanzar mensajes mesiánicos y apocalípticos, resulta patético y digno de destierro, pues la aparición de Vox les ha brindado ocasión para edulcorar su reputación, tan cuestionada durante los últimos meses, así como para recobrar algo de protagonismo en la escena política y social.

Algo habría que aprender  de los  musulmanes de los Países Bajos, tan sufridos   con líderes encendidos en su contra, mucho más extremistas que los de Vox, y que poco a poco fueron cambiando sus discursos, algunos incluso haciéndose musulmanes; otros,  abandonando sus ideas de desarraigo y expulsión.

Vox consiguió en pocas semanas lo que todos los partidos políticos no pudieron –o no quisieron- durante 18 años en la oposición.

Por otro lado, a Vox “hay que agradecerle” su sinceridad, pues a diferencia de otros, no muestra careta y dice lo que piensa, pues ahí está Carolina, la del PP, ya con arraigo como asesora y fiel escudera del presidente.

Ella, que hizo una exposición salida del alma, tan detallada y concisa sobre los musulmanes de Ceuta, que ya quisieran los de Vox.  Aquello “molestó” de tal modo al presidente que no dudó en hacerla  asesora. 

Está claro que de existir premio por herir a los musulmanes, habría que dárselo al PP y  no a Vox, aunque sea por simples  puntos.

Son muchos los millones que se van en concepto de subvenciones para proyectos baldíos y que en una gran mayoría nunca se ejecutan ni se justifican. Y en ese cesto hay incluso miembros de partidos que ahora ven peligrar las subvenciones que perciben de forma no muy transparente.

Siempre se echó en falta en esta ciudad un portal de transparencia en el que los ciudadanos puedan ver importes percibidos y actividades que justifiquen su concesión.

(seguirá)

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