Martes 21.05.2019
El presidente tira de la billetera

Un guiño perverso (1)

Islamnews.es   redacción

El 26A pudo lo que no 18 años de regalos y desaciertos. No hay mal -ni bien- que cien años dure

Repudiado por sus fieles y convencido de su declive, el presidente tira de la billetera institucional para recuperar el aprecio de quienes nunca puso en igual platillo.

No son horas fáciles para el presidente, pero el dinero puede muchas cosas, sobre todo si los que están delante desarrollaron olfato para detectarlo y mejores formas para obtenerlo, que en eso ni los mejores  linces.

El “Iftar institucional” que promueve el presidente es un canto a la hipocresía más obscena, pues lo que no hizo en 18 años lo hace ahora, plenamente convencido de que los que le apoyaban buen portazo le dieron, así llamando a las puertas de Tatari y sus comandantes para que hagan del momento luz y fulgor, como si de ellos dependiera el voto de los musulmanes de Ceuta.

Todo se andará, y todo se verá, aunque haya que buscarlo con lupa, pues en el arte de solapar  ciencia desarrollaron, pero los dineros afloran tarde o temprano, y las asociaciones que ahora salen en defensa del presidente sus cuentas seguro que hicieron y de sus redobles  -sin duda-  ante el presidente presentaron, incluso quienes han quedado encargados de las labores de intendencia, entiéndase sopas y sus complementos, que ya una foto acercándole al presidente tazón valió el doble en subvención.

Vivas,  que hasta hace unos días hablaba de “partido a partido”, emulando a Simeone, dando a entender que todo era posible en cuestiones de pactos,  hace ahora un giro que hasta en  el Tercio causaría  asombro, y aparece envuelto en su nuevo papel de comendador de la convivencia, así diciendo que con Vox ni a la vuelta de la esquina, y así lo mismo con el partido de Alí y Aróstegui, de Aróstegui y Alí, tanto monta, monta tanto.

La foto en las puertas de la mezquita encendiendo luces de Ramadán, es todo un regalo a la desinformación y todo un atropello a unos sentimientos culturales y religiosos, pues durante 18 años lo único que Vivas regaló a los musulmanes para decorar sus templos de oración y sus calles fueron simples bombillas de verbena, todas ellas unidas por cables de ocasión, lámparas incandescentes mal rematadas con otras que jugaban a decir “Feliz Ramadán”.

Un presupuesto ínfimo que a cualquier político responsable habría causado sonrojo; sin embargo, lo que realmente importaba era alumbrar sus calles y  sus mezquitas, todo ello ante la complacencia y el  regocijo de unos líderes musulmanes que nunca se atrevieron a decir nada para no molestar a quien ordenaba las muy suculentas subvenciones que percibían -y siguen percibiendo-, pero sin valentía suficiente para exigir unas bombillas más decentes y más acordes con la ocasión del mes de ayuno. 

Esos son los que han mantenido silencio durante 18 años, chupando de unas ubres que con Vox podrían secarse, dejándoles sin ese dinero que les llega sin el menor esfuerzo. Su gran temor, que no otro.

El legado de Vivas se constituye como el obstáculo más importante para recuperar la razón de ser de una ciudad que ha sido abandonada a su suerte por un técnico en cuentas, que no por un político fuerte, sagaz, valiente, presto en modales de autosuficiencia y no inmerso en costumbres enraizadas en títulos de mendicidad, un político, en definitiva, capaz a la hora de señalar el camino a seguir para la búsqueda del bienestar de sus gentes, y no lo que ofrece la realidad actual: simple miseria.

La foto del encendido de luces es un destello de hipocresía  sin igual, tanto como que para alguien le servirá para “llenar” su memoria de actividades y así justificar los muchos miles de euros  que percibe cada año sin que se le conozca oficio ni beneficio, mientras que miles de familias lloran sangre para alcanzar a pagar sus recibos de luz y  agua, amén de otros básicos e intemporales.

El clientelismo ha sido -y sigue siendo- una de las prácticas habituales del presidente, una  de sus muchas herencias, y ninguna para festejar, a sumar a los altos índices de paro, fracaso escolar, inseguridad, falta de perspectiva ante el futuro, educación, cultura, etc., en definitiva, una ciudad abandonada a su suerte.

 (seguirá).

Un guiño perverso (1)
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