lunes 25.05.2020
indiferencia y desatención

Ceuta, cuando ser marroquí vale poco (álbum fotos)

* Menores y adultos marroquíes enclaustrados y en  situación dramática y explosiva

 
 
Ceuta, cuando ser marroquí vale poco (álbum fotos)

El cierre de la frontera por parte de Marruecos el trece de marzo de 2020 supuso un duro golpe para muchas personas. Por un lado, quedaron atrapados todos aquellos ciudadanos marroquíes a los que les dio tiempo coger el último barco de aquel fatídico doce de marzo, unas horas después de que Delegación Ceuta y Delegación Cádiz acordaran no vender billetes a marroquíes en Algeciras con destino Ceuta, todo ello en un intento de evitar que se quedaran atrapados en Ceuta sin poder pasar a Marruecos ante el inminente cierre de la frontera por parte las autoridades marroquíes.

A pesar de aquel intento, cerca de 42 vehículos alcanzaron la ciudad, quedando confinados en la explanada de Juan XXIII. Pasados unos días, y después de muchos intentos por parte de la asociación Residentes Ceuta, a la cual algunos responsables marroquíes llegaron a pedir listado de matrículas que esperaban en la citada explanada, nada se pudo conseguir, tanto como que a los pocos días la gran mayoría optó por embarcar a Algeciras y desde allí esperar acontecimientos.

Transfronterizos

La otra cara de aquel suceso la protagonizaron todos aquellos trabajadores transfronterizos que a diario cruzaban la frontera para trabajar en Ceuta. Cerca de 200. Siendo muchas de ellas mujeres empleadas en hogares ceutíes.

Después de permanecer varios días a la intemperie y sin más ayuda que la de algunas asociaciones de carácter benéfico, y como quiera que su presencia en la calle quedaba prohibida por la declaración del estado de alarma, así como que podrían significar un peligro para ellos mismos y para toda la ciudadanía ceutí, tanto Delegación como Ciudad decidieron buscarles algo de cobijo.

Les mandaron a la antigua cárcel de los Rosales, para hora más tarde devolverlos a la explanada por las muchas carencias del edificio que en su día albergó a cientos de presos. Tal grado de improvisación no sorprendió a nadie, tal vez producida por la indiferencia que desde un principio mostraron tanto Delegación como Ciudad, sin olvidar aquella otra que mostró Cruz Roja durante varios días, sin apenas acercarse al lugar.

Finalmente, y porque el tiempo apremiaba, decidieron habilitar el colegio Santa Amelia para los menores que deambulaban por el puerto. Por otro lado, el pabellón de la Libertad era acondicionado por el ejército con literas para destinarlo a los adultos transfronterizos, todos ellos varones.  No todos los adultos fueron a parar a la Libertad; otros decidieron quedarse en una nave del polígono del Tarajal y que hacía las funciones de lugar de reunión de los comerciantes del lugar, por ellos cedida. 

Las grandes olvidadas en todo este movimiento de personas son las empleadas de hogar. Muchas tuvieron que buscarse la vida acudiendo a personas conocidas para que las aceptaran en sus casas; otras, sin tanta suerte y sin conocer a nadie sintieron el dolor que produce quedarse en la calle sin más ayuda que su propio ánimo.

Así las cosas, familias musulmanas salieron en su ayuda, acogiéndolas en sus casas, así dándoles abrigo y alimento. Los que las empleaban las dieron de baja y se olvidaron de ellas.

Abandono – Colegio Santa Amelia - Menores

Los menores se sienten agobiados y se quejan de que han sido abandonados a su suerte. Hay muchos aquejados de histeria y que pasan muchas horas llorando. Hay brotes de sarna e impétigo entre ellos. Según ha podido constatar islamnews.es muchos jóvenes que son recogidos en las calles son llevados al colegio en el que están los menores sin realizarles ningún tipo de control sanitario, rompiendo así el estado de la cuarentena.

Hay 110 menores y tan solo dos cuartos de baño. Muchos de ellos son drogodependientes y están padeciendo síndromes sin que los servicios de la Ciudad acudan en su ayuda para valorar su situación. Algunos se autolesionan por la grave crisis que les afecta.

Algunos chicos afirman que prefieren estar en la cárcel antes que seguir en este lugar “en la cárcel tenemos médico, comida, cama, ropa, ducha y patio para tomar el sol”.

Se les impide la comunicación con el exterior, no disponen de jabón, no tienen ropa para cambiarse, muchos se quejan de que hay chinches en las mantas, no hay servicio de higiene…

Entre los menores se están dando las condiciones idóneas para que la histeria sea colectiva y dañe el equilibrio mental de todos estos jóvenes. La situación requiere una intervención urgente e inmediata de todos los servicios concernidos de la Ciudad, sin embargo, no parece que tal milagro vaya a producirse por el alto grado de indiferencia del Ejecutivo ceutí, entregado a los postulados de Vox, cuyos dirigentes han dicho pedido en más de una ocasión que se aplique mano dura con todos estos menores marroquíes.

Pabellón la libertad - Adultos

En el pabellón de la libertad hay cerca de 120 adultos. La gran mayoría son trabajadores que se quedaron atrapados, quedando separados de sus familias en Marruecos. La situación de estas personas es dramática.

Las condiciones en las que tienen que vivir estas personas son infames. La ventilación es escasa, hay algunos con dolencias de riñón, el ruido es ensordecedor dentro del pabellón. La falta de espacio y la masificación está causando estragos en las condiciones anímicas de estas personas. Muchos se quejan de que la comida es escasa y de mala calidad, aunque reconocen que es “algo mejor que la que nos traía al principio una asociación musulmana”, pero que aun así “la alimentación es muy mala”, aseguran.

La esperanza de estas personas es que Marruecos abra la frontera por unas horas y puedan volver con sus familias.

 
 

Ceuta, cuando ser marroquí vale poco (álbum fotos)